Uno de los derechos ciudadanos es el de elegir a las autoridades y desde 1985 los guatemaltecos hemos venido ejerciéndolo con la sensación de que nuestro voto cuenta, en comparación con anteriores comicios en los que importaba quién contaba los votos. Pero pese a que hemos ya superado las dos décadas de ejercicio del sufragio democrático, entre la población persiste la idea de que si bien el voto cuenta para escoger a las autoridades, pesa muy poco para decidir el futuro del país porque seguimos sin la capacidad de generar un mandato claro y contundente que obligue en verdad a los electos a cumplir con sus promesas y compromisos electorales.
Ello ha vuelto al ciudadano guatemalteco cada vez más suspicaz y desconfiado del proceso político y en no pocos casos nos ha hecho cínicos a la hora de elegir. Pero si bien es cierto que hemos llevado abundantes desengaños y «quebrones de cara», también lo es que ello no disculpa al elector para que abandone su responsabilidad y tome a la ligera el derecho (que al mismo tiempo es un deber) de elegir con criterio.
Existen ahora elementos para que el ciudadano pueda obtener detalles de lo propuesto por los candidatos, no sólo porque los medios de comunicación en conjunto hemos hecho un trabajo más intenso para escudriñar en las intenciones de los políticos, sino porque además éstos han elaborado planes que pueden ser sometidos al juicio de los ciudadanos y que, ojalá, puedan el día de mañana esgrimirse como fundamento de lo que fue el mandato recibido en las urnas.
Lo que no podemos es escudarnos como ciudadanos en la real o supuesta falta de seriedad y compromiso de los políticos para dejar de cumplir con nuestra responsabilidad de elegir bien. Tenemos que hacer serios esfuerzos por buscar a quienes en los planos local y nacional puedan encarar las aspiraciones que tenemos para mejorar las condiciones de vida en el país. Tenemos que hacer esfuerzos para que el ejercicio democrático tenga algún sentido útil en la construcción de esa Guatemala distinta y por ello es que en estas horas finales de la contienda electoral no debemos cohibirnos para preguntar e indagar a fin de que el 9 de septiembre podamos llegar a las urnas con criterio claro para dar el voto a favor de quienes sean más honestos y competentes para el manejo de la cosa pública.
Ha sido esta una contienda marcada por ataques bajos y campaña negra; debemos desterrar todos esos elementos para permitir que quede, como único elemento de juicio, el discernimiento profundo pensando en el país y en lo que todas y cada una de las opciones, sin descartar a nadie de entrada por razón de tamaño, pueda significar para nuestro futuro. Votar es importante, pero hacerlo responsablemente es vital.