Elecciones en Italia condicionadas


Sondeos de opinión sostienen que uno de los hombres más ricos de Italia, Silvio Berlusconi está listo para reemplazar a Romano Prodi, cuyo gobierno colapsó en enero.

El drama de las basuras que siguen sumergiendo a Nápoles (sur de Italia) a pesar de las medidas excepcionales adoptadas en enero por el gobierno, condiciona la campaña para las legislativas de abril próximo.


Si bien el lí­der de la derecha y ex primer ministro Silvio Berlusconi prometió que la primera tarea que realizarí­a en caso de regresar al poder serí­a la de limpiar las toneladas de basuras que siguen amontonándose en las calles de Nápoles, para muchos el inverosimil fenómeno es literalmente inmanejable.

Unas 3.000 toneladas de basura siguen amontonándose debido a que el ciclo para el tratamiento de los desechos no funciona, los vertederos están aún saturados y el primer incinerador no comenzará a funcionar antes de un año.

«El comisario extraordinario nombrado por el gobierno hace dos meses, Gianni De Gennaro, ha fracasado. Todas las soluciones que trazó no son aplicables», sentencia esta semana el semanario L»Espresso, tras hacer un balance de dos meses de gestión.

La capital del sur de Italia, cuyo imponente centro histórico ha sido limpiado en gran parte, esconde en los barrios perí­fericos la cruda realidad, con montones de bolsas de basura y desperidicios amontonados en rincones y callejones.

«Alemania bloqueó los trenes con las 700 toneladas diarias de basura que enviábamos, los trabajadores de los centros para el tratamiento de desechos paran de trabajar durante horas debido a las condiciones precarias y no hay fondos para la construcción del gran incinerador de Acerra», escribió la revista.

«La situación sigue siendo crí­tica», admitió esta semana a la AFP el presidente de Asia, la empresa encargada de recoger la basura de Nápoles.

Berlusconi ha culpado al gobierno de centroizquierda de permitir que la basura se pudra y asegura que las imágenes mostradas por la televisión en todo el mundo han afectado gravemente a la imagen de Italia.

Emblema de esa crisis ha sido el cierre del célebre restaurante Caruso, cuya impresionante vista sobre el Golfo de Nápoles y el Vesuvio sedujo a celebridades de todo el mundo.

Sondeos de opinión sostienen que Berlusconi, de 71 años, quien perdió contra la coalición de centroizquierda en 2006, está listo para reemplazar a Romano Prodi, cuyo gobierno colapsó en enero.

Su nuevo rival, el candidato del Partido Democrático (PD) de centro izquierda, el ex alcalde de Roma, Walter Veltroni, que ha evitado cuidadosamente hasta ahora abordar el asunto de las basuras, redujo en pocas semanas la ventaja que gozaba Berlusconi de 12 puntos a 7 puntos.

«Pero el problema principal es la emergencia de la basura en Nápoles. Me despierto en plena noche pensando en cómo solucionarlo», aseguró Berlusconi en una entrevista a la radio.

El problema de la basura remonta a hace 14 años y ha empeorado por una engranaje perverso que involucra disputas polí­ticas, la mafia, protestas por los nuevos vertederos y sobre todo una gestión ineficaz de los administradores locales.

Berlusconi, que fue primer ministro durante una parte importante de ese perí­odo, no pierde ocasión para acusar a la izquierda, que a su vez gobierna desde hace varios años la región y la alcaldí­a.

«Â¡Que renuncie Antonio Bassolino!», clamó de nuevo esta semana Gianfranco Fini, aliado de Berlusconi, esperando conquistar el 13 y 14 de abril próximos los votos de los napolitanos.

El presidente de la región será procesado a partir de mayo junto con otros 27 dirigentes administrativos por presuntas irregularidades.

Con tono menos vehemente el juez anticorrupción Antonio di Pietro, único aliado externo de Veltroni, invitó a Bassolino, un renombrado ex dirigente del partido comunista, a retirarse, sin que fuera escuchado.

La decisión de Prodi de enviar soldados y nombrar a un «zar de la basura», no sólo no ha obtenido resultados sino que en los barrios marginales se siguen quemando desperdicios y construyendo barricadas para expresar su frustración.

Una «bomba social» que afecta no sólo la economí­a napolitana, con una baja del cerca 40% en la venta de «»mozzarellas» y verdura, sino también a la salud de sus habitantes expuestos a altos niveles de sustancias tóxicas.

«Â¡Que renuncie Antonio Bassolino!», clamó de nuevo esta semana Gianfranco Fini, aliado de Berlusconi, esperando conquistar el 13 y 14 de abril próximos los votos de los napolitanos.