Elecciones con escepticismo


El jefe del Estado mongol, Nambaryn Enkhbayar, heredero de los antiguos comunistas, se enfrentará el domingo al ex jefe del Partido de los Demócratas, Tsakhiagiin Elbegdorj, en un escrutinio presidencial que se anuncia ajustado pero que no despierta pasiones.


Muchos mongoles consideran que las polí­ticas de los dos únicos candidatos en las presidenciales son parecidas, máxime cuando sus respectivos partidos han formado coalición en el parlamento.

Elbegdorj, de 46 años, era el favorito hasta el mes pasado, pero con una ventaja tan corta (1%), que cualquier resultado es posible, según un sondeo de la Sant Maral Foundation, una organización no gubernamental.

Elbegdorj se presenta como el cambio para este paí­s de 2,7 millones de habitantes, situado entre Rusia y China, que en 1990 salió de siete décadas de comunismo.

«Â¿Vamos a cambiar? Hay demasiada corrupción, demasiada pobreza. El desempleo y la desigualdad han ganado terreno», aseguró el candidato en un mitin.

Después de cuatro años en el poder, Enkhbayar, de 50 años, surgido del Partido Popular Revolucionario Mongol (PPRM, los antiguos comunistas) apela a cerrar filas y a «unir a los mongoles»: «haremos de este paí­s un gran paí­s», prometió en un acto de campaña en el Palacio de la Lucha de Ulan Bator que sólo registró media entrada.

Las últimas elecciones en este paí­s, las legislativas de 2008, se saldaron con disturbios y con cinco muertos, después de que la oposición, con Elbegdorj a la cabeza, denunciara irregularidades.

La patria de Genghis Khan, pacificada y llevada a la democracia hace unos 20 años, no habí­a conocido hasta entonces unos disturbios tan violentos, de los que se responsabilizó a Elbegdorj, acusaciones que él rechaza.

La población vive los comicios con escepticismo: el 64% de los mongoles no cree que vayan a ser justos y legales, según un sondeo realizado entre 5.000 personas y publicado por el sitio de internet gogo.mn.

La cobertura dada por los medios de comunicación parece alimentar la desconfianza. Según la organización Globe International, Elbegdorj se ha beneficiado del 38% de los 653 minutos de información televisada y el presidente Enkhbayar del 62%.

Además, el 70,7% de esta cobertura estuvo destinada a ensalzar la labor del presidente saliente, mientras que el 80,5% de las informaciones sobre su oponente fueron negativas.

Las autoridades quieren evitar cualquier tipo de disturbio prohibiendo la venta del alcohol el dí­a de las elecciones.

En cuanto al tono de la campaña, este ha sido populista, explicó G.Arslan, que dirige la ONG Ciudadanos para la Justicia, resumiéndolo así­: «dinero para el pueblo».

Enkhbayar ha prometido educación superior gratuita. Por su parte, Elbegdorj promete becas estudiantiles de alrededor de 75 euros mensuales.

«Compartamos las riquezas de la nación», exclamó Enkhbayar en un mitin.

Sin embargo, las riquezas de las que habla el presidente, basadas en los recursos mineros, han desaparecido con la caí­da de los precios de las materias primas, lo que ha provocado un descenso de la actividad económica y un aumento del desempleo.

La crisis internacional ha agudizado los problemas económicos de este paí­s de dos veces y medio el tamaño de Francia y, por ejemplo, el fin del duro invierno no se ha traducido en una recuperación de la actividad en el sector de la construcción.

Pese a la crisis, la indiferencia rodea a las elecciones. En un paí­s acostumbrado a niveles de participación del 75%, sólo el 56% de las 9.000 personas encuestadas por el sitio de información Olloo anunciaron su intención de ir a votar.