El escenario de la primera vuelta. Primer acto. Desde adentro. Las reformas aplicadas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, en 2004 las primeras y en 2006 las segundas, con la intención, entre otros aspectos, de provocar acercamientos de los electores a los centros de votación, podrían dar al traste ante la eventual posibilidad de una creciente incapacidad para administrar casi el doble de las mesas receptoras de votos en comparación con el número de éstas de los comicios de 2003. El padrón solo se pudo actualizar en el orden del 59 %. Cuatro de cada diez potenciales electores podrían tener problemas para ejercer el sufragio el 9 de septiembre. Problemas que podrían derivar, inclusive en la imposibilidad de emitir su voto.
Segundo acto. Dificultades en la transmisión de los datos. Aunado al no aparecimiento de los ciudadanos en el segmento padrón correspondiente a su cartografía electoral y las evidentes manifestaciones de descontento que podrían derivar en confrontaciones violentas de recriminación ante el grueso del voluntariado a cargo de las mesas receptoras de votos. Una vez concluido éste surgirá la problemática comunicativa en cuanto a la transmisión de datos. Muchos centros podrían llegar a demorar más allá de lo tolerable o admisible hasta antes de que empiecen a retumbar los tambores anunciando un fraude que, existente o no, podría llegar a exasperar a los seguidores de unos y otros, hasta el punto de provocar señalamientos y focos de choques violentos.
Tercer acto. Los contendientes locales y su repercusión en lo nacional. Más de 270 actuales jefes edilicios están corriendo por la reelección. Muchos de ellos con reacomodo respecto de la organización política mediante la cual se postularon hace cuatro años. En menos de sesenta municipios habrá corporaciones totalmente nuevas. La normativa electoral aplica la mayoría relativa para la adjudicación de los puestos dentro de las 332 corporaciones. Si las diferencias entre quienes resulten ganadores y quienes no, son muy estrechas en ese 82% de municipios en los que se está corriendo para la reelección, independiente de la organización política que les haya postulado, se anticipa suponer un contexto de ingobernabilidad local creciente que podrá trastocar los datos de las otras tres papeletas. Las crisis llegarían a los presidenciables.
Cuarto acto. La influencia de los sondeos. Se ha producido una atmósfera de expectación con alta dosis de persuasión respecto del manejo de los datos a la sombra de las diferentes encuestas electorales publicadas o no. Pareciera denominador común en todas ellas, aplicación de metodologías aleatorias del sondeo similares a las aplicadas en los últimos comicios. Pero ahora, no hay que olvidar, existirán casi el doble de mesas respecto de 2003 y, repito, un 49% de empadronados que NO ACTUALIZARON su situación respecto de su lugar de habitación. En consecuencia los sondeos estarían por constituirse tanto como un medio de influencia como de confusión y, peor aún, de desasosiego respecto a cómo lo habrán de manejar los comandos de campaña de los presidenciables. Al final estará en juego quién influyó más y no su precisión estadística pues lo que importará es el halo de influencia que se construirá a futuro con quien sea que resulte el ganador. Así de utilitario se manifiesta en esta intención del manejo de «elecciones anticipadas».
Hacia la segunda vuelta. Quinto acto. Los contendientes por la poltrona presidencial. Pareciera que una cosa está definida, Colom y Pérez serán los contendientes del 4 de noviembre. Un Colom cuyos índices de simpatía empiezan a topar y hasta dan la impresión de que caen. Y un Pérez con un crecimiento vertiginoso, pero que anuncia estar al límite de su propia capacidad de persuasión. El ambiente de contienda o confrontación directa tan hábilmente eludido por Colom le terminará por absorber. Y entonces muchas virtudes y esquemas propuestos se podrían derrumbar. Además otro tanto de señalamientos y acusaciones aflorarán, al punto de desestabilizar a uno y otro.
El paso siguiente será estructurar acuerdos con las otras organizaciones partidarias, acuerdos que en este país se entienden y manejan como componendas (eso limitará el desempeño de quien finalmente gane). Los descorazonados en los bandos en contienda (que naturalmente quedarán al margen) podrían llegar a ser un batallón de inconformes que alteren el frágil equilibrio en el que los elementos de los actos anteriores se han desenvuelto en este complejo y difícil escenario electoral descrito.
En cuanto a todo lo negativo que he expresado en esta descripción del teatro electoral 2007, de verdad me gustaría equivocarme.