Elección del más poderoso presidente


Dentro de una semana, en horas de la noche, el mí­nimo de los 270 delegados electorales ya estará definido. El candidato demócrata, Barack Obama se habrá de imponer al republicano. La continuada serie de desaciertos y mentiras de la administración que está por concluir es el punto superlativo que habrí­a terminado por desencantar a los electores norteamericanos.

Walter del Cid

Pero la victoria demócrata en el Ejecutivo, también podrí­a representar una holgada victoria en las cámaras. El relevo senatorial, podrí­a representar inclusive contar hasta con un poco más de 60 senadores demócratas. Y toda la creación subterfugios para la consolidación de una presidencia imperial que supuso estar por encima del Legislativo y Judicial, así­ como suprimir las garantí­as constitucionales en contra del pueblo, se cae impulsada por la inercia de la suma de sus torpezas, yerros e infamias de orden mundial.

James Hatfield, fallecido misteriosamente, escribió en 1999: Fortunate Son George W. Bush and the Making of an American President. En octubre de 2004, esta acuciosa investigación fue traducida como: El Nerón del siglo XXI George W. Bush, Presidente. La analogí­a entre aquel poderoso «César», que ordenara quemar la capital del imperio romano para culpar al incipiente movimiento cristiano, encuentra resonancias en nuestra historia contemporánea.

Hoy, por supuesto un incendio no tendrí­a el impacto que tuvo aquel pasaje histórico que obviamente impactó a la sociedad de aquellos dí­as. El presidente de la nación más poderosa del mundo como parte del esquema implantado por Los Halcones de la Casa Blanca, acentuó los privilegios de los más poderosos de aquella nación. Bajo una serie de mentiras como el «efecto cascada» se provocó la exención de impuestos, para «crear más fuentes de empleo». Así­ la «burbuja inmobiliaria» y otros «excesos» amparados, auspiciados y protegidos por el todopoderoso Estado norteamericano han llevado al mundo actual a su peor crisis financiera jamás pensada.

De hecho el dólar norteamericano, como moneda «dura» y valor de cambio a nivel mundial está siendo cuestionada por los propios mercados financieros de ese mundo ficticio enarbolado alrededor de la supuesta libertad de un individuo que solo existe en la mente de sus creadores, pues tal individuo sólo puede serlo, si y solo sí­, es poseedor de grandes fortunas para comprar voluntades, asumir la arrogancia de la impunidad en la aplicación de la justicia y en nada se ajusta a las normas vigentes, más bien, hace que las hagan para él y su propio beneficio. Es estado liberal cuyo esquema teórico se ha derrumbado con las caí­das de las bolsas de valores.

Y ese incendio financiero. Esa «quema del dólar» como patrimonio y emblema de una supremací­a en picada, es el principal talón de Aquiles de la administración que estará por concluir ocho años de gestión. Y entonces, las condiciones de que se produzca una elección para un presidente aún más poderoso están dadas. Y la primera de las grandes tareas será la de la reconstrucción, moral y financiera.

Para Latinoamérica y para Guatemala en particular quizás no haya mucho cambio por el momento. Pero sin lugar a dudas en el mediano plazo lo tendrá que haber. Las alianzas de tipo comercial quizás sean superadas por alianzas de tipo estratégico-productivo y podrí­a ser factible la concreción de otros espacios de desenvolvimiento en los que la seguridad norteamericana no se sustente sobre la base de la intimidación, sino en la generación de nuevas oportunidades para crear fuentes de empleo en esta parte del continente, que quiérase o no, es importante para el equilibrio de las relaciones Este-Oeste, ahora matizadas por un Lejano Oeste cuyo poder se empieza a sentir más allá de lo militar.

En todo caso, el próximo martes se habrá de elegir al presidente más poderoso del planeta. Con un poder aún más poderoso que los últimos cuatro presidentes que le precedieron. Estamos viendo el cambio de importantes paradigmas, aunque en modo alguno ello signifique el derrumbe del capitalismo. Antes bien, estamos contemplando como un reacomodo a escala mundial, podrí­a dejarnos entrever nuevas posibilidades que parece aún no podemos procesar con toda la celeridad que el ritmo de éstas conlleva.