El voto indeciso


En nuestro paí­s donde el analfabetismo, el bajo nivel educativo, la precaria infraestructura de comunicación limitan el acceso y el conocimiento a un elevado número de guatemaltecos, es comprensible que existan personas que en una elección general puedan estar indecisas. Por ello, es tan importante que se desarrolle el espí­ritu cí­vico, la información de lo que es el deber y el derecho de elegir.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

El Tribunal Supremo Electoral no deberí­a permanecer durante tres años y medio inactivo, sus delegaciones y personal deberí­a permanentemente realizar, en coordinación con los institutos de enseñanza secundaria, campañas cí­vicas de empadronamiento y conocimiento de lo que es la responsabilidad de un ciudadano en el ejercicio de sus deberes y derechos.

De la misma forma que las iglesias nos explican y nos enseñan el derecho natural, deberí­an los dirigentes sociales fomentar la conciencia cí­vica, porque es a través de personas que conozcan sus deberes y derechos como se puede lograr la representatividad social y polí­tica, que permita dirigentes conscientes y responsables de la representatividad que a través del voto les entregan los ciudadanos del municipio, departamento y paí­s.

Los medios de comunicación social escritos son responsables de informar objetiva y verazmente, pero también son corresponsables de estimular el desarrollo cí­vico. Qué importante serí­a que durante los próximos tres años y medio, después de la presente elección general, el TSE y la sociedad desarrollaran una campaña cí­vica de los derechos y obligaciones que todo ciudadano tiene que conocer y ejercer.

En la actual elección general, el voto indeciso es el mayor que se ha registrado desde el inicio de la etapa democrática (1985). Criticar este aspecto no resuelve la problemática. En paí­ses desarrollados como los Estados Unidos, fueron movimientos cí­vicos los que lograron el empadronamiento y el ejercicio del voto que cambió el panorama electoral y fomentó el respeto a los derechos individuales y colectivos; así­ como mejoró la participación cí­vico-electoral de las minorí­as.

Los lí­deres morales, los lí­deres cí­vicos y polí­ticos deben comprender que para que nuestro paí­s cambie debemos realizar una acción cí­vica permanente. No están tan lejos los años cuando en las escuelas públicas y privadas existí­a una clase permanente sobre los derechos y deberes cí­vicos.

El voto indeciso debe erradicarse, individualmente cada uno de nosotros debe preguntarle a sus amigos, parientes, compañeros de trabajo, si concurrirán el nueve de septiembre a votar. Si la respuesta es negativa, debemos hacerlos comprender y razonar respetando su derecho a elegir, que el voto es un deber y un derecho, que es el poder mediante el cual, no solo se elige, sino se hace representar cada uno de nosotros, que el no votar es un acto irresponsable que permite que los grupos de poder continúen imperando en detrimento de la mayorí­a de los guatemaltecos.

Si votamos, no solo tendremos la conciencia de haber cumplido con ese deber y derecho, nos corresponderá la posibilidad de requerir, emplazar, criticar y cuestionar con mayor razón y fundamento cí­vico a quienes han quedado electos: como alcalde, concejales y sí­ndicos en nuestro municipio, diputados en el distrito y en el listado nacional, a nivel nacional como Presidente y Vicepresidente, porque ellos son, independientemente de cómo votemos, nuestros servidores públicos.

El voto es nuestro poder, nuestra obligación y nuestro derecho, ejerzámoslo.