El mayor poder que posee un ciudadano en una democracia es su derecho y deber de elegir porque su voto cuenta. En un país multiétnico, multicultural donde la religión no debe ser tema de elección política el ciudadano con su voto evidencia su poder cívico.
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Hace pocos años era común el saber y el escuchar que en las filas que realizaban los ciudadanos para poder ejercer el voto en la respectiva mesa electoral pasaban personas que a media voz decían: «La estrella, la estrella, la estrella», tratando con ello de influir en los ciudadanos indecisos que votaran por el símbolo que aparecía en las diferentes papeletas representando al partido Democracia Cristiana.
Al escuchar las diferentes y pegajosas cancioncitas de la época electoral, comprobamos nuevamente que los comunicadores sociales de los diferentes partidos políticos promueven el símbolo de las diferentes organizaciones políticas: la manita del FRG, la paloma de la UNE y el puño o mano dura del general Pérez Molina repitiéndolo con saturación para influir en el subconsciente.
No debemos dejar de señalar que el voto, aún en una democracia en proceso como la nuestra, es determinante. El voto no tiene que ser uniforme, parejo por un símbolo partidario. Ese voto denominado voto solidario o voto en cascada para o por un partido político es en parte renunciar a pensar, renunciar a analizar y decidir racionalmente
La democracia está basada en la división de poderes, en los pesos y contrapesos por ello un voto analítico, un voto conciente, un voto responsable implica la obligación de analizar quiénes son los candidatos en cada una de las papeletas donde se deberá ejercer este deber y derecho.
Como recientemente me manifestara un respetable profesional especializado en retinas, a quien he tenido que consultar y está aplicándome un tratamiento de rayos láser, que habiendo ejercido en Arabia Saudita, comprobó que en todas las sociedades hay hombres y mujeres capaces, responsables, de buena fe, así como también hay personas incorrectas e inadecuadas. Nuestra responsabilidad, deber, es de elegir, votar por lo que analíticamente conviene más a nuestro país, sociedad y familia.
No podemos inclinar nuestro voto porque el candidato o la candidata sean bien parecidos o porque sean simpáticos, pertenezcan a una religión o iglesia donde nosotros somos partícipes. Personas buenas hay en los que practican el budismo, la religión musulmana, la religión Católica o Cristiana, también personas incorrectas e inapropiadas hay en esas religiones.
El voto debe ser la manifestación cívica a favor de quien consideramos va a luchar y a buscar el bien común, el bien de la nación; por ello, debemos hacer un análisis ecuánime de los pro y los contra. En este momento es difícil decidirse por un candidato presidencial y vicepresidencial, planilla de diputados o alcaldes, obviamente será nuestra responsabilidad votar por los que convengan más a la nación. No nos engañemos con caras bonitas, ni por canciones pegajosas, es nuestro derecho y obligación votar conscientemente. «Porque nuestro voto cuenta, en cada papeleta vota por el mejor, Guatemala lo necesita».