¿Quién sabe cuándo es su último día? Podemos tener una enfermedad terminal y pensar que nuestros últimos días están contados. Pero aun así, morirnos después de alguien que no ha tenido un diagnóstico mortal. Aun la muerte nos puede llegar por otra causa. Dentro de la filosofía de los grupos AA se encuentra el vivir día a día. Dándole prioridad al presente. Pero la mayor parte de su enfoque se centraliza en el no consumir.
En las personas ansiosas se encuentra el temor a la muerte, considerándose una clara manifestación del miedo a vivir, ya que estas personas desperdician su tiempo de vida concentrando todo su pensamiento y acciones en la muerte.
La muerte es una etapa de la vida, así como nacemos, crecemos y nos reproducimos. Cada etapa de la vida debiese ser deseada, así como, podríamos desear un feliz matrimonio e hijos, también podríamos desear una muerte digna. Cuando envejecemos, el cuerpo se cansa, no responde de igual manera que antes, los dolores, los achaques toman un auge considerable, algunas veces llegamos a depender de otros, entonces… surge el deseo de morir.
Ante el deseo de morir es de valientes, sostener la vida aun con los pesares. Nuestros sistemas de creencias religiosas y espirituales cobran un valor singular. Ya que ellas atenúan nuestro dolor y nos proporcionan una manera especial de reconfortarnos.
Una primera vez en una lección de filosofía nos pusieron a hacer el ejercicio de que justificáramos el por qué seguir viviendo. En la clase todas terminamos con una especie de agotamiento. Luego de ello en psicoterapia grupal tuve la oportunidad de observar un ejercicio en el cual se solicitaba que todos los integrantes meditaran en que hoy puede ser su último día de existencia y ¿Qué pensaban hacer con él?
Algunas personas elegían viajar a lugares y parajes desconocidos, pero se les situaba de nuevo con la aseveración de que hoy podría ser el último día de su vida. Y que esos lugares quedaban muy lejanos, que lo más probable es que se consumiera su día en el transcurso del viaje y aun así no podrían llegar.
Otros optaron por gastar en compras sin ninguna consideración. Pero también se realizó la observación de que si eso era suficiente para colmar sus anhelos en su último día.
Pero también hubo quienes decidieron por estar en sus casas acompañados de sus seres queridos y cercanos. Observando la vida que les quedaba, viviéndola y haciendo posible manifestaciones de amor a sus familiares y amigos. Gozando de una aceptación ante hechos que no podrían modificar y asumiendo una actitud serena y tranquila.
Pienso que a veces necesitamos situaciones extremas para considerar quiénes somos y qué deseamos de nuestra existencia. La vida no es fácil, pero creo que vale la pena vivirla. Cada acontecimiento que nos mueve el mundo nos hace recapacitar de quiénes somos y a qué clase de personas deseamos pertenecer.
En muchas oportunidades deseamos que la gente, la sociedad, la cultura y muchas otras cosas más cambien, pero en realidad, ¿Qué de nosotros estamos dispuestos a cambiar? La vida no es una casualidad, pienso que es un presente insoslayable y nosotros tenemos mucho que ver con el aprecio que hagamos de este valioso regalo.
Ahora yo les pregunto: ¿Qué harían si hoy fuese el último día de su vida? Solicitando que cada uno de los lectores apunten sus respuestas y comentarios. Gracias.