El trauma nuestro de cada día


Eduardo-Blandon-Nueva

Hay un programa de televisión en los canales de cable, de esos que semejan el género “talk show”, cuyo nombre es “acomplejados”. Los avances indican que se trata de un espacio televisivo en el que se presentan personas con defectos (reales o imaginarios) cuya experiencia personal no los deja vivir, los bloquea y dejan en un estado de parálisis existencial. Imagino que habrá espectáculo para rato porque los complejos son parte de la vida cotidiana.

Eduardo Blandón


Pero no es de los acomplejados que quiero escribir, sino de los traumados. Según la página de Internet no siempre digna de credibilidad, Wikipedia, el trauma consiste en la “exposición personal directa a un suceso que envuelve amenaza real o potencial de muerte o grave daño u otras amenazas a la integridad física personal, o ser testigo de un suceso que envuelve muerte, daño o amenaza a la integridad física de otra persona, o enterarse de la muerte no esperada o violenta, daño serio, amenaza de muerte o daño experimentados por un miembro de la familia u otra relación cercana”.
 
            Larga definición, pero aproximativa a una realidad que padecemos muchos por acontecimientos que nos han marcado en nuestra vida personal. Pero, atentos, no solo hay traumas individuales sino también colectivos. Es lo que uno advierte en el pueblo alemán y el judío, por ejemplo, cuya experiencia vital los ha marcado socialmente y los hace aparecer permanentemente heridos, lastimados y sufrientes.
 
            Algunos cubanos también manifiestan síntomas de trauma.  Al menos eso es lo que se deduce del escándalo alrededor del manager de Los Marlins, Ozzie Guillén. La noticia dice que una multitud de cubanos que vive en Miami ha pedido el retiro de Guillén por haber declarado que admira a Fidel Castro. ¿Se imagina usted pecado más grande? Dos funcionarios locales, dicen los diarios, expresaron que el deportista debería renunciar a su cargo por una falta imperdonable.
 
            ¿Traumados? Definitivamente que sí. Los cubanos de Miami (también tenemos los nuestros en Guatemala) no pueden oír hablar ni leer el nombre de Fidel Castro sin que se les erice la piel y pidan la hoguera para los aduladores del demonio. También Guillén es parte de la patología porque para jugar se necesitan dos. Ahora resulta que se inventa una de excusas dignas de Disney: “Me siento arrepentido y avergonzado por haber herido sustancialmente” no solo a la comunidad cubana de Miami sino también a la latinoamericana.
 
            Ozzie Guillén también está traumatizado y no sabe organizar sus ideas. Ha dicho idioteces de Ripley: “Fue un error personal de la cosa que yo tenía en mi mente y lo que dije. Lo que quería decir en español lo dije mal en inglés. Quise decir que una persona que ha hecho tanto daño en el mundo aún está vivo. No lo admiro. Una persona que ha hecho tanto daño no tengo porqué admirarla”. Se volvió loco, dice jerigonzas, demuestra demencia.
 
            Los traumas son increíbles y deben ser tratados, justo como los complejos de los que hablé al inicio. Los programas de televisión que ahora explotan esas malas experiencias quizá sirvan para vernos a través de los otros y considerar lo feo que nos vemos cuando tomamos actitudes enfermas. Quizá tenía razón Fromm cuando hablaba de las patologías del hombre contemporáneo. Definitivamente estamos enfermos.