El Transurbano podría ser la chispa


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Al leer en Diario La Hora las declaraciones del señor Luis Gómez, Presidente de la Asociación de Empresarios del Transporte Urbano, se vislumbra el derrumbe del sistema de transporte colectivo, si es que todavía existe y si realmente conserva las intenciones de sustituir a los famosos “tomates”.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Su pretensión de cobrar Q5 por pasaje no solo ha provocado tremenda angustia sino también una gran decepción, apareado al coraje que nace de la abusiva pretensión de los transportistas, pues estamos frente a otro engaño de los gobernantes, como de los mal llamados empresarios cuando funcionan como tal solo cuando el Estado les mantiene sus unidades de transporte, sirviéndoles a través del subsidio en bandeja de plata la rentabilidad de sus operaciones.
Nadie duda de las deficiencias del transporte colectivo, pues siguen siendo una de las más grandes decepciones de nuestra población, sin  concebir la tremenda incapacidad de los políticos que hoy  prometen una cosa pero mañana no la cumplen. Álvaro Colom supo interpretar correctamente las aspiraciones populares y por ello emprendió la tarea de buscar una solución alternativa para importar vehículos para que de mejor manera pudieran servir a nuestra comunidad y paralelamente, crear una organización y funcionamiento que rindiera los frutos tantas veces ambicionados. Pero cometió el mismo error de sus antecesores, todo lo sustentó sobre un sector que a través del tiempo jamás había demostrado responsabilidad, eficacia y mucho menos cumplimiento de sus deberes y obligaciones, pues sobradamente está demostrado que, al igual que los políticos, solo buscan satisfacer intereses personales, importándoles un pito el orden, la limpieza y la seguridad, mucho menos lograr que el usuario pudiera recibir un servicio de calidad.
De esa misma ingratitud seguramente surgió la pretensión de cobrar los Q5 por pasaje, lo que sin temor a equivocarme, dado el caso remoto en que fuera autorizado, no pasarían ni seis meses para que volvieran a decir que no son suficientes, por lo que al terminar uno o dos años el precio llegaría a Q10 o más. Pero aun así, los transportistas no han podido engañar a nadie. Bien sabíamos todos que por el financiamiento de la operación, la oscura negociación de la fabricación e importación de los vehículos, más temprano que tarde iba a saltar la liebre. Era lógico entonces anticipar las consecuencias del negocio, desde la buena pinta de los autobuses; las paradas de los mismos; las oficinas utilizadas para la emisión de las tarjetas prepago; el servicio de seguridad y tantas cosas más que siempre dieron mucho en qué pensar. ¿Pero el gobierno municipal y el central qué dicen a todo esto? El primero sigue haciendo las del avestruz, poniéndose a organizar concursos de canto, maratones o festejos intrascendentes mientras la población  sufre día con día las inclemencias del pésimo transporte colectivo, y ¿el Ejecutivo? Sigue sin percatarse de las condiciones explosivas que lo rodean.