El entorno putrefacto carente de valores y ausente de principios en el que se desarrolla nuestra sociedad raya en límites insospechados jamás concebidos a esta magnitud. Por aparte, el servicio de transporte colectivo, por citar un caso, que podría ser ejemplo de una actividad lucrativa con proyección social, se ha convertido en el nicho de las bajas pasiones propias de mentes criminales, una cloaca de presión, extorsión y muerte.
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La última jornada de violencia y asesinatos acaecida el miércoles anterior y sus secuelas subsiguientes es una muestra más de la otra arista de esta crisis en la que estamos inmersos.
Más allá de las cifras de las familias enlutadas como consecuencia de haber caído abatidos pilotos, ayudantes o pasajeros del transporte colectivo en los últimos años, derivado de la “falta de pago” a las extorsiones requeridas o del “impuesto por circular” en ciertas zonas, el tema es una exacerbación de la inoperancia de la gestión gubernamental en materia de regulaciones, controles y mecanismos de eficiencia aplicables al transporte colectivo. Y más que una deficiencia de la gestión gubernamental en general, en principio es una de las grandes deudas de las sucesivas administraciones del señor Álvaro Arzú y sus adláteres que le sustituyeron en los períodos que él quiso. Desde el 15 de enero de 1986 a la fecha han transcurrido 27 años de esa administración edil unipersonal con leves variantes en la manera de concebir la administración de este importante municipio y con él, la problemática del descuido al transporte colectivo. Si bien, en este largo período también se ha implementado la modalidad “Transmetro”, este servicio aún es parcial en extremo y su implementación ha conllevado otra serie de complicaciones que no se lograron prever desde por lo menos 25 años, cuando recién comenzaba esta era de administración municipal.
En la actualidad el transporte colectivo de la ciudad de Guatemala y de los municipios adyacentes o conurbanos, se desenvuelve en al menos cinco modalidades: el “Transmetro” bajo la responsabilidad municipal, el “Transurbano”, bajo la responsabilidad del gobierno central, el transporte de los “otros autobuses” por “empresarios”, el transporte de las “rutas cortas” y otras formas de transporte colectivo (desde microbuses a taxis a las unidades de tres ruedas). El “Transurbano” es la última de las modalidades de intervención fallida del Estado en este ámbito. Tanto esta modalidad como la de los autobuses (rojos, amarillos y otros) gozan de un subsidio por parte del Estado. Es decir, todos los guatemaltecos con el pago de nuestros impuestos pagamos las malogradas modalidades del transporte colectivo del municipio más poblado y más importante. Todos pagamos esta inoperancia. Y ahora, todos somos espectadores de este escenario de extorsiones y muertes. Extorsiones que como ha podido ir demostrando el desempeño del trabajo de la “Fuerza de Tarea” específica, ha implicado a los propios empresarios inculpándose unos a otros, es decir, de ellos mismos provienen tanto las víctimas como los victimarios. En medio queda una cantidad de damnificados ajenos o de víctimas “colaterales” de esta vorágine propia de mentes delictivas metidas en el mundo “empresarial del transporte colectivo” y cuya bajeza de valores es su principal característica.
Hace casi veinte años planteé algunos de los aspectos propios de la modalidad del llamado “Transurbano”. Pero más allá de algún mérito de anticipación a la búsqueda de soluciones, lo que pretendo demostrar es la negligencia en la que se ha dejado a este importante y vital servicio. Si las administraciones de Arzú, desde hace 27 años hubiesen tenido tan siquiera el atisbo de planificación a futuro, probablemente el parque vehicular no estaría tan desbordado como a la fecha. También es posible que se disfrutaría de una red de interconexiones que llegaría a los centros más poblados de la urbe capitalina. Que todo el dinero empleado en el llamado subsidio al transporte colectivo en efecto se hubiese destinado a mejoras constantes. Pero más importante aún, que las vidas sacrificadas en esta selva de criminales, probablemente no se hubiesen producido en esa cuantía. Esa factura y otras aún la tiene pendiente el “Señor Arzú: el Alcalde Municipal del Futuro”. Apreciable lector, piénselo.