El transporte colectivo debe actualizarse


Francisco Cáceres Barrios

Hay muchas cosas que en Guatemala se han ido quedando estancadas con el paso de los años. El transporte extraurbano de pasajeros es una de ellas. Contadas son las empresas que prestan un servicio eficiente, seguro y confortable. La gran mayorí­a sigue siendo tripulado por patanes del volante, temerarios que caminan sin una conducción segura y confiable. La salida y entrada de este transporte en la capital es el mismo de los tiempos de Nana Camota, quienes salvo las citadas excepciones, lo hacen en «terminales» montadas a la quien vive en calles y avenidas públicas, convirtiéndolas en chiqueros que para nada contribuyen al ornato, mucho menos a la comodidad de los usuarios. A todos consta que las paradas de los autobuses a lo largo de su ruta para dejar y recoger pasaje, son un constante peligro; sobrecargan los vehí­culos y la autoridad, en las mismas de siempre, haciéndose de la vista gorda, previa pasadita de mano con los ahora sintéticos billetes. De esa cuenta los asaltos siguen a la orden del dí­a. Los mismos transportistas los facilitan, fuera en viaje a Mazatenango, Sololá, Antigua, Puerto de San José, Chiquimula o hasta Huehuetenango. Los delincuentes hacen su agosto todo el año vaciando a los pasajeros de sus joyas, dinero en efectivo, celulares y hasta de los tamales con chipilí­n que tanto le encargó llevar su abuelita. Hay cientos de métodos para hacerlo, al fin y al cabo ¡es tan fácil! Con el obsoleto sistema de parar en el camino para que suban tres, cuatro o más delincuentes y hacer de las suyas. ¿Que para qué sirve una flamante Policí­a Vial?, eso mejor pregúntaselo a los propagandistas de Berger que se devanaron los sesos cuatro años para que su gobierno viviera dando golpes de efecto intentándole hacer creer a la población que todo marchaba sobre ruedas, cuando la verdad es que los asaltantes son los únicos que con razón siguen diciendo que Guatemala es un «paraí­so».

Según rezan las disposiciones legales que nos rigen, el Estado se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común. ¿Será posible que Colom y Espada hayan comprendido que lo que ahora tienen en sus manos es un mandato conferido por el pueblo para poner en cintura a tantos que se han servido de la población? Muchos comentaristas o dizque «analistas» polí­ticos siguen espulgando el porqué perdió Pérez Molina y por qué ganó su oponente. Prefiero pasar por simplista para expresar que nuestra gente, en especial la que vive en el interior, está cansada de oí­r promesas del Gran Capitán y no lo digo solo por cachucha, aunque también es una causa fundamental. De esa cuenta, prefirieron al candidato que durante 12 años les estuvo dando la esperanza de poder alcanzar sus ambiciones. Pero lo que pasó pasó. Ahora lo que cuenta es averiguar ¿será que lo van a cumplir?