El domingo recién pasado se inauguró el nuevo ramal del transporte colectivo. Al equipo que ha gobernado el municipio más poblado de Centroamérica durante más de 25 años, le tomó, más de 15, entrarle al problema del transporte colectivo. Acostumbrados como están, a gobernar sin dialogar, han impuesto medidas abusivas y hasta improvisados arreglos, así como un abordaje caracterizado por sus parcialidades en la búsqueda de una solución a este problema que aqueja a cientos de miles de vecinos.
wdelcid@intelnet.net.gt
Vamos por partes. En primer lugar, el crecimiento del parque vehicular, superado en 1.8 veces más que el incremento de vías para circular, obedece a que a este tema, durante más de 15 años, casi 20, ni Arzú, Heredia, Berger, García-Gallont, y otra vez dos veces Arzú, le quisieron entrar. Precisamente cuando el asfixio en las denominadas horas pico, ha superado casi todas las medidas adoptadas, se han emprendido proyectos como el «Transmetro» y ahora el «Transurbano».
En segundo lugar, el aumento de la población que, derivado de un hipertrófico crecimiento en la concentración de servicios, así como de fuentes de empleo ha hecho que los 11 municipios adyacentes a Guatemala, se hayan transformado en puros «dormitorios», de tal manera que entrar y salir de la capital a determinadas horas, es de por sí un calvario adicional.
Tercero. Mucho tiempo demoraron para emprender acciones que, dicho sea de paso, algunas ya estaban contempladas en el EDOM, de la administración de Colom Argueta, es decir desde 1970-1974. Saque usted, apreciable lector sus propias conclusiones. Pero, como el «tiempo perdido hasta los santos lo lloran». Es momento de ver hacia el futuro. Encarar lo emprendido y en lo posible aplicar correctivos.
El eje sur, por ejemplo. Ese que complicó el tránsito por la «Aguilar Batres», debiera iniciarse desde ya el estudio y emprender las acciones pertinentes para hacer una vía en segundo nivel, como ideal lo sería en la «Calle Martí» y la «San Juan», por citar acciones «futuribles». Así como un replanteo al trabajo que debiera hacerse en la «Roosevelt».
En el eje recién inaugurado ha ocurrido un error a mi juicio grave. Alguien creyó que «eje central» también habría de obedecer al empleo por el centro en las dos avenidas que hasta hace poco eran de las más concurridas en vehículos, pero también de las más expeditas. Eso ahora, de no aplicar correctivos, será parte del recuerdo.
El riesgo en el que se ha colocado a los usuarios de este eje de transporte colectivo para que el abordaje y desembarque de los vehículos sea por el centro, espero equivocarme, podría ocasionar algún terrible accidente que llegaría a costar la vida de muchas personas.
¿Cuándo no haya agentes de EMETRA, quien garantiza el respeto a las señales de los semáforos? Claro ese riesgo se corre en casi cualquier punto. Pero en el centro de tan anchas pasos, el peligro es mayor. Una solución, cara, pero que valdría la pena emprender con rapidez y sobre todo humildad es correr dicho carril hacia uno de los extremos de la vía. Preferentemente al derecho, como debió ser desde un inicio. De manera pues que, a pesar de la reducción de un carril, el conflicto en su tránsito sería menos complicado que como se ha concebido hasta este momento. Nunca es tarde para aplicar correctivos a aquellas medidas que afectan a tantas personas y que, tal y como he descrito, de alguna manera podrían evitar tragedias pues limitar ese intercambio de carriles en las intersecciones podría devenir en precipitadas maniobras de automovilistas que al hacerlo podrían ponerse en riesgo a sí mismos, a los transeúntes y usuarios de esta modalidad de transporte colectivo. Es momento de superar y vencer esta caprichosa manera de gobernar y emprender acciones futuristas de verdad. Que no sea pan para hoy y hambre para mañana (en sentido figurado claro está).