El trabajo, derecho y obligación social


Durante años, la evolución del concepto jurí­dico y social del trabajo es cuantiosa. Los Estados han comprendido la obligación de normar y regular la actividad laboral humana: Inglaterra, Alemania y Europa en general han sido los precursores de las normas jurí­dicas que establecen el balance y el respeto entre la actividad laboral y la actividad económica.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

En Guatemala ningún gobierno futuro, ningún partido polí­tico merece el voto de la mayorí­a de los ciudadanos, hombres y mujeres, si no establece claramente cuál será su polí­tica laboral. De qué sirven los mensajes y campos pagados de felicitación con motivo del Primero de Mayo si la mayorí­a de gobiernos no se preocupan de quienes viven de un salario.

La democracia se basa en pesos y contrapesos, por ello es tan importante que de la misma manera que se habla de una polí­tica económica, se determine claramente la polí­tica social y laboral.

El mismo derecho de organizarse que tienen los sectores patronales en cámaras y asociaciones de industria, agricultura, comercio y servicios, también lo tienen las personas de forma individual o colectiva que prestan sus servicios como trabajadores en todas estas actividades lucrativas

Los lí­deres sindicales deben ser personas rectas y concientes, personas que sepan que los derechos individuales y colectivos de los trabajadores deben ser respetados y defendidos, pero como dirigentes responsables deben saber la forma, el modo y el cuando reclamar y utilizar las fuerzas humanas que representan.

Juan Francisco Alfaro Mijangos durante toda su vida demostró ser el prototipo del lí­der sindical responsable. Lo hizo al frente del sindicato Luz y Fuerza, en el Congreso de la República como diputado y en su gestión como Ministro de Trabajo y Previsión Social. Este es un ejemplo en el ámbito nacional, pero tenemos importantes ejemplos a nivel mundial, como lo es en Polonia, Lech Valesa, quien trascendió de ser un lí­der sindical a convertirse en un lí­der polí­tico nacional y mundial, que transformó no sólo el sistema polí­tico de su paí­s sino influyó de forma determinante en la transformación de la unión de repúblicas socialistas.

América Latina tiene en el presidente Lula Da Silva el mejor ejemplo de un lí­der sindical que fue capaz de crear el más importante partido polí­tico que existe en el continente y el de convertirse en dos veces presidente de la mayor república latinoamericana: Brasil, en donde combatiendo la extrema pobreza, la precariedad alimenticia, la falta de educación adecuada, la injusticia tributaria, impulsa el desarrollo económico y social. Lula está guiando a Brasil a convertirse, después de Estados Unidos, en el paí­s con mayor proyección mundial de este continente. Su habilidad, su sensibilidad ha estimulado el desarrollo económico, ha obligado a los inversionistas nacionales e internacionales a comprender que el mejor seguro para su patrimonio, para sus inversiones y para el desarrollo de ese paí­s, es el correcto pago de impuestos, pero más aún, el reconocimiento económico y el pago de salarios justos y adecuados a la fuerza laboral sin la cual le serí­a imposible la producción y el desarrollo.

Echemos pan a nuestro matate, comprendamos que un gobierno que garantice la tranquilidad laboral, mediante el establecimiento y ajuste periódico de los salarios mí­nimos no es un enemigo, sino más bien un amigo de la estabilidad económica y desarrollo del paí­s.