El tiempo pasa más de prisa para todos


A lo mejor usted también ha escuchado decir a un amigo, sin más preámbulos: «Â¡Qué barbaridad, vos, cómo pasa el tiempo de rápido; acaba de ser Navidad y ya viene Semana Santa!» Y no es una sensación exclusiva de los viejos, como yo, sino también las personas jóvenes sienten que todo se acelera excesivamente.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Esa sensación ¿es ilusoria o tiene base real? El sacerdote católico Leonardo Boff, uno de los promotores de la Teologí­a de la Liberación, sustenta una tesis que voy a intentar resumir, porque tengo la impresión de que muchos de ustedes, pacientes y tolerantes lectores de uno y otro sexo y de cualquier edad que lee eventualmente esta columna, pero especialmente mayores de las cuatro décadas, tienen la impresión de que actualmente el tiempo pasa más de prisa que en años anteriores, sobre todo cuando éramos niños.

El padre Boff escribió un artí­culo que capturé en el ciberespacio, basado en la teorí­a denominada «Resonancia de Schumann», en honor del fí­sico alemán W. O. Schumann, quien en 1952 constató que la Tierra está cercada por un campo electromagnético poderoso que se forma en la parte inferior de la ionosfera, cerca de 100 kilómetros por encima de los habitantes del planeta. Ese campo posee una resonancia (llamada Resonancia Schumann) más o menos constante de unas 7,83 pulsaciones por segundo.

Es como una especie de marcapaso, responsable del equilibrio de la biosfera, hábitat y condicionante común de todas las formas de vida -afirma el teólogo Boff-, habiéndose verificado que todos los vertebrados y el cerebro humano tienen la misma frecuencia de 7,83 hertz, al grado que empí­ricamente se tiene la constancia de que no podemos estar sanos fuera de esa frecuencia biológica natural, y de esa cuenta, cuando inicialmente los astronautas hací­an viajes espaciales se salí­an de la Resonancia Schumann y enfermaban. Posteriormente, se les sometió a la acción de un simulador Schumann, para recuperar el equilibrio y la salud.

Desde hace millares de años los latidos del corazón de la Tierra han tenido esa frecuencia de pulsaciones y la vida se desarrollaba en relativo equilibrio ecológico, asevera el brasileño Boff; pero a partir de los años «80 del siglo pasado, y de forma más acentuada a partir de los «90 la frecuencia pasó de 7,83 a 11 y 13 hertz.   

El corazón de la Tierra si disparó y coincidentemente comenzaron a ocurrir desequilibrios ecológicos, tales como perturbaciones climáticas, actividad volcánica creciente, mayores tensiones en los conflictos del mundo, aumento general de comportamientos desviados de las personas. A causa de esa aceleración general una jornada de 24 horas, en realidad es de solamente 16 horas, y, por lo tanto, la percepción de que todo está pasando demasiado rápido no es ilusoria. Su base real es el «trastorno» de la Resonancia Schumann.

Según tesis sostenidas por cosmólogos y biólogos -afirma Boff-, la Tierra es un superorganismo vivo, y el planeta y la humanidad formamos una única entidad. «Los seres humanos somos Tierra que siente, piensa, ama y venera; poseemos una misma naturaleza bioeléctrica y estamos envueltos en las mismas ondas resonantes. Gaia, ese superorganismo vivo que es la Madre Tierra, deberá estar buscando formas de retornar a su equilibrio natural», sostiene esta extraña teorí­a.

Agrega Leonardo Boff, según la versión cibernética, que, como cualquier ser vivo, pero no se sabe a qué precio, ese retorno de la Tierra a su equilibrio natural, habrá que pagarlo por la biosfera y por los seres vivos. Aquí­ se abre un espacio para los grupos esotéricos y otros futuristas que proyectarán escenarios, ora dramáticos con catástrofes terribles, ora esperanzadores, como la irrupción de la cuarta dimensión, por la cual todos seremos más intuitivos, más espirituales y más sintonizados con el biorritmo de la Tierra.

Hasta aquí­ el resumen de la tesis sustentada por el padre Boff. O que se la atribuyen. Si es verdad o ficción, quién sabe; pero lo cierto es que el tiempo cada rato transcurre más de prisa. ¿O no?

(Romualdo Tishudo le pregunta a un amigo: -¿No se ha casado aún tu hermosa  hija? El padre de la chica responde: -No; es que no tiene tiempo de sostener un largo romance, porque le duran tanto los novios como lo que le tarda un catarro).