El tercer shock petrolero


Las bolsas registran los indicadores más altos del petróleo, cuyos precios ha despertado alerta en todo el mundo económico.

Alza espectacular del precio del petróleo, paí­ses consumidores amenazados de recesión: el tercer shock petrolero obedece a mecanismos más complejos que los de 1973 y 1979 y podrí­a tener consecuencias más violentas, consideran los expertos.


Los paí­ses productores, se niegan a acelerar sus esfuerzos de inversión en las infraestructuras petroleras.

Entre 2003 y 2007, el alza de las cotizaciones de petróleo era fuerte pero progresiva y el precio del barril no habí­a superado el máximo de 1979 en valor real», es decir sin tener en cuenta la inflación, destacó Pierre Terzian, director de la revista francesa Pétrostratégies.

«Pero desde el primer trimestre de 2008, el ascenso ha sido tan fulgurante y los niveles de precios tan elevados que podemos hablar de shock petrolero», agregó.

Fueron necesarios cinco años, del 2003 al 2007, para que el barril de crudo subiera de 40 a 90 dólares, pero sólo seis meses para que el barril trepara de 100 dólares a inicios de enero de 2008 a casi 140 la semana pasada.

Morgan Stanley prevé un barril a 150 dólares de aquí­ a fines del verano boreal, y el presidente del gigante ruso Gazprom apuesta por un barril a 250 dólares a más largo plazo.

«La economí­a europea y la economí­a mundial están sometidas a un shock de una fuerza sin precedentes», consideró el presidente francés Nicolas Sarkozy el lunes.

El sábado, el secretario estadounidense de Energí­a, Sam Bodman, también habló de «shock».

«Hasta hace unos meses, tení­amos la impresión de que la economí­a mundial podí­a absorber el alza. Pero desde el verano (boreal) pasado, supera la de los anteriores shocks petroleros», dijo Véronique Riches-Flores, economista del banco francés Société Générale.

«Hasta ahora, las economí­as resistí­an porque la participación de los costos petroleros en los sectores productivos ha bajado ampliamente desde los años 70: 80% del consumo mundial viene del transporte, la petroquí­mica y el sector residencial, los otros sectores utilizan muy poco petróleo», dijo Terzian.

«Pero en estos tres sectores no hay alternativa, lo cual explica que la demanda no baje más», agregó.

Los dos primeros shocks fueron de naturaleza polí­tica y concerní­an la oferta: el embargo de la Organización de Paí­ses Exportadores de Petróleo (OPEP) en 1973, la perturbación de la producción en Irán 1979.

El de 2008 abarca también «factores polí­ticos que han afectado la oferta: la huelga de la industria petrolera en Venezuela en 2002-2003, la guerra en Irak, y los problemas polí­ticos en Nigeria», subrayó Terzian.

Pero «la gran novedad es la explosión de la demanda de los paí­ses emergentes y la implicación de los actores financieros», que invierten masivamente en las materias primas y el petróleo para compensar la baja de las bolsas y del dólar, agregó.

En paí­ses como China o India, la demanda no da señales de debilidad pese a los precios elevados del oro negro, ya que el combustible es ampliamente subsidiado por los gobiernos.

Por ello existe «un riesgo de escasez evidente a largo plazo, con dudas sobre la capacidad del mercado para responder al consumo futuro», apuntó Riches-Flores.

Los paí­ses productores, sobre todo los de la OPEP, se niegan a acelerar sus esfuerzos de inversión en las infraestructuras petroleras, afirman que el mercado está bien abastecido y que la seguridad de la demanda no está garantizada a largo plazo, ya que los paí­ses ricos tratan de desarrollar energí­as alternativas.

Arabia Saudí­, jefe de facto de la OPEP, quiere quedar bien con todos y planea celebrar una reunión entre productores y consumidores a corto plazo para evaluar la disparada de los precios.

Pero «la OPEP no puede hacer gran cosa», advirtió el martes el ministro libio de Petróleo, Chukri Ghanem, en declaraciones a la AFP, luego de que el cártel aumentara discretamente su producción en medio millón de barriles diarios el mes pasado.

Terzian denuncia «la inercia» de los paí­ses desarrollados, que no adoptan «ninguna medida rápida para reducir la demanda», mientras Estados Unidos «continúa almacenando stocks estratégicos».