El tercer pontí­fice que visita Latinoamérica


Visita. En Brasil, todo está listo para recibir al papa Benedicto XVI.

Con su primer viaje a Latinoamérica, el papa Benedicto XVI se convertirá en el tercer pontí­fice que visita el subcontinente, precedido sólo por Pablo VI y Juan Pablo II.


El italiano Pablo VI, que reinó de 1963 y hasta 1978, llamado en ese entonces ’el Papa peregrino’, fue el primer pontí­fice de la Historia de la Iglesia católica que pisó suelo latinoamericano con su viaje a Colombia del 21 al 25 de agosto de 1968.

En el paí­s andino, ya marcado en esa época por los conflictos armados y sociales, Pablo VI asistió a la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Celam) celebrada en Medellí­n.

Los obispos latinoamericanos que se reunieron en Colombia dieron muestras de gran activismo y se dividieron entre conservadores y progresistas, estos últimos particularmente sensibles a temas de carácter social como la pobreza.

Recién unos tres años más tarde, en 1971, el sacerdote peruano Gustavo Gutierres publicarí­a el libro «Teologí­a de la Liberación», traducido a 20 idiomas, que inspiró el nacimiento de la corriente de inspiración marxista y que fue luego duramente condenada por el Vaticano.

Algunos vaticanistas que asistieron al encuentro recuerdan que Pablo VI no se refirió en ningún momento a la situación social y polí­tica de Latinoamérica, al contrario de lo que harí­a su sucesor Juan Pablo II en sus numerosos viajes al extranjero.

El polaco Juan Pablo II, cuyo papado se extendió desde 1979 a 2005, visitó todos los paí­ses de Latinoamérica.

Estuvo cinco veces en un mismo paí­s, México, y cuatro en Brasil, además de dos en Perú, Uruguay y Argentina.

El ’Papa trotamundos’, que efectuó 129 viajes pastorales a cinco continentes, inició su itinerario en 1979, cuando viajó a República Dominicana, México y Bahamas del 25 de enero al 1 de febrero.

Tal vez ese fue el viaje que llevó siempre en el recuerdo. Hací­a apenas cuatro meses que le habí­an elegido sucesor de Pedro cuando decidió asistir a la reunión del Celam que se celebraba en México.

Sus viajes también suscitaron polémicas.

En Nicaragua, en 1983, Juan Pablo II reprendió al sacerdote y ministro revolucionario Ernesto Cardenal por el cargo que ocupaba, y un grupo de sandinistas interrumpió la misa que estaba oficiando.

En Chile, en 1987, el pontí­fice polaco se asomó a un balcón del palacio de la Moneda, donde habí­a muerto el presidente Salvador Allende, y aceptó que se le fotografiara con el dictador Augusto Pinochet.

Uno de sus viajes históricos fue el que realizó a Cuba en 1998, donde logró la liberación de 200 disidentes y la flexibilización del bloqueo de Estados Unidos contra el paí­s caribeño.

«Cada viaje es un auténtico peregrinaje al santuario viviente del pueblo de Dios. Es el método de Pedro y el de Pablo, los apóstoles. Los medios que cuentan hoy en dí­a facilitan este trabajo», afirmó en una ocasión el Papa polaco.

Menos carismático que Juan Pablo II, este viaje a Latinoamérica será la primera oportunidad de Benedicto XVI para poner a prueba su capacidad de seducción y de diálogo con un mundo distante y en plena mutación.