El tema de la inequidad


Se ha destacado mucho, especialmente por la Oficina en Washington para asuntos Latinoamericanos que la visita de la señora Clinton tiene especial impacto en el tema de seguridad porque es uno de los que más preocupan a Estados Unidos dadas las implicaciones que tiene en términos globales la propagación del narcotráfico y el crimen organizado, pero sus expresiones a lo largo de la gira hacen ver que al Departamento de Estado le ocupa y preocupa el tema de la inequidad, de la injusticia social que afecta a millones de pobres en nuestros paí­ses.


Y Guatemala es uno de los paí­ses con mayor desigualdad en todo el mundo, mostrando niveles enormes de riqueza que contrastan con situaciones de miseria extrema que se traduce en desnutrición crónica de casi la mitad de los niños del paí­s. Entendemos que el tema de la seguridad es crucial y que el mismo está í­ntimamente relacionado con las oportunidades de crecimiento económico porque no habrá inversión sin seguridad, pero tampoco la tendremos si no tenemos una población que pueda ser mano de obra efectiva y productiva, capacitada fí­sica y mentalmente para insertarse en las necesidades del mundo globalizado. Posiblemente se trate de dos cuestiones que tienen que abordarse en paralelo y sin descuidar ni una ni otra, pero si bien el tema de la violencia se vuelve candente y está a la vista de todos por la sucesión de crí­menes que agobian a la población, el otro es un tema que se ha ido convirtiendo en algo así­ como parte del paisaje y, como tal, pasa inadvertido. No reparamos con la seriedad que se debiera en lo que significa la pobreza que afecta al paí­s y como ello condena a millones de habitantes que desde su más temprana infancia sufren por falta de alimentos que les marca para toda la vida porque no logran alcanzar su desarrollo fí­sico e intelectual pleno. Se trata de una situación en la que la indiferencia de la sociedad y de los grupos dominantes que pueden tomar decisiones, terminan haciendo un daño irreparable que afectará al paí­s por lo menos durante varias generaciones. Obviamente eso obliga a hablar de la contribución de todos en proporción a sus capacidades y en Washington, especialmente en el Departamento de Estado, se tiene clara conciencia de que buena parte de las dificultades de nuestro paí­s están en la resistencia a implementar un sistema tributario justo que aporte los recursos necesarios para enfrentar problemas estructurales que afectan la calidad de vida de la población. La violencia es terrible e inhumana, pero también lo es que nuestros niños, cuando no mueren de inanición, quedan marcados para toda su vida por la desnutrición.