El suicidio: un mal pan nuestro de cada día


GLADYS_MONTERROSO

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos como hermanos”
Martin Luther

Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es


La semana recién pasada estuve observando las notas diarias sobre personas de todas las edades y sexos, que dispusieron terminar con su vida “voluntariamente”, esas son noticias, a las que se les da muy poca importancia, cuando llegan a los medios, porque no venden, con excepción del supuesto autosuicidio de Rosenberg, los demás, o no son importantes, o por tratarse de alguien influyente, se archivan,  en la práctica, los casos de suicidio, son muchos más de los que se tiene conocimiento ¿Qué historia queda guardada detrás de cada suicida? ¿Qué sucede? Se preguntará alguien que no ha conocido este doloroso tipo de experiencias, realmente me quedo corta en mis apreciaciones sobre un tema tan doloroso y delicado, pero algo trataré de aportar, el suicido como tal, no es otra cosa que autoeliminarse, o quitarse la vida por diversos medios, la principal característica considero, es la  rapidez con que el mismo se lleva a cabo, ya que tirarse de un puente, pegarse un balazo, consumir pastillas, u otros estupefacientes, colgarse de una cuerda, es considerada una muerte rápida, acá hace falta otra forma de suicidio, y es aquel que se lleva a cabo introduciéndose en el tráfico, sin reparar en los vehículos en una hora pico, para ser arrollado,  existen más formas, pero las más comunes, son las enumeradas anteriormente.

Cuando en una familia alguien se suicida, regularmente se mantiene en hermetismo la causa de la muerte del ser querido, porque el tema es  tabú, el mismo no se menciona, más que en voz baja, pero es un hecho más cotidiano de lo que quisiéramos, y que diariamente llena de dolor a cualquier familia guatemalteca, este fenómeno no considera discriminación en relación a raza, sexo, o estrato social, pero ¿qué cree usted que piensa un suicida, en el momento de quitarse la vida? Aunque no soy sicóloga ni psiquiatra, las experiencias de la vida, y el cuestionar a algunos profesionales de esas ciencias, me han dado una probable respuesta, el suicida no sabe que se está quitando la vida, y le voy a comentar una experiencia personal, que no me avergüenza, ni mucho menos, fuera de eso, le ha dado mayor valor a mi vida. En un determinado momento de mi existencia, sentí que todo el mundo que mentalmente había construido, se derrumbaba, en cuestión de dos horas, y que no tenía ni forma ni modo de parar el desastre que principiaba a vivir,  la mente, y el pensamiento se me nublaron, era un 31 de octubre, mientras muchos festejaban, a mí simple y sencillamente se me esfumaba entre los dedos de la mano como el agua toda una vida, caminé sin rumbo, y no vi nada, solamente recuerdo haber visualizado el asfalto, nada más, caminé entre los vehículos que pasaban sin escuchar bocinas, ni insultos, no sabía a dónde iba, ni pensaba en nada, mi mente se encontraba totalmente en blanco, yo no me quería morir, sin embargo, estaba buscando la muerte y no me daba cuenta, en esa época se encontraba cerca de mi vida una gran escritora, mujer de mente amplia y gran corazón con la que había comentado el dolor mayúsculo que sentía, ella me fue a buscar, me vio, y me subió a su carro, mi mente no coordinaba lo que me estaba sucediendo, asimismo, veía solamente oscuridad, estuvimos dando vueltas por la ciudad cinco horas, me llevó a mi casa, hablé con mis hijas, me acosté más no dormí, después de ese episodio, estuve en tratamiento siquiátrico y sicológico, el segundo, ya tenía dos años de recibirlo, a los dos o tres días analicé mi propia vivencia y entendí, que yo lo que estaba haciendo era suicidarme, por eso no me importó el tráfico, ni los bocinazos ni las maltratadas, y con todas mis vivencias, reconocí, que busqué la muerte de la única forma en que podía encontrarla, pero que si yo hubiera tenido una pistola, no hubiera dudado en dispararme, o si hubiera estado cerca de un puente, no hubiera analizado nada, y hubiera buscado la delicia del vacío, o si hubiera tenido una cuerda y una silla, hubiera sido tan fácil quitarme la vida, porque estaba ciega e inconsciente, mi único compañero era el dolor insoportable de saber, que mi vida y la de mis hijas como la habíamos conocido, y concebido hasta ese momento, estaba simple y sencillamente sepultada para siempre. No existen culpables, solamente son las circunstancias de la vida que colocan al ser humano en situaciones límite, que indirectamente le sitúan entre la espada y la pared, soy una persona de claroscuros, pero por mis propias experiencias reconozco que no siempre se pueden manejar los mismos.

Por lo anteriormente expuesto, considero necesario llamar a una reflexión, no sobre lo que hacemos con nuestras vidas, sino que cómo influyen nuestras conductas en los demás, por ejemplo ¿Son nuestros hijos maltratadores de otros, o practican el bullying en su trabajo, centro de estudios y demás? ¿Hasta dónde somos responsables de que nuestros hijos carezcan totalmente de humanidad para con sus semejantes? Porque en ese aspecto si existe responsabilidad por parte nuestra. En otro contexto, ¿Hasta dónde humillamos a nuestra pareja, o a quienes se encuentran a nuestro alrededor,  con nuestros actos diarios, como el maltrato sicológico desde, que gorda/o estás, hasta a mí las mujeres o los  hombres me sobran, agradecida/o deberías estar que estoy con vos? o, el “usted no sirve para nada, no sé qué hace en este lugar, un favor le hacemos” como aquella famosa palabra, por demás desgraciada, cuando a un jefe le llevan sus asesores (comúnmente llamada rosca) el nombre de alguien señalado de cualquier falta, y este sin miramiento alguno dice “a la mierda”, sé de varios casos de personas que han suicidado, después de vivir “en la mierda” es increíble como marca esta palabra a quien es sentenciado de esta forma, no encuentran trabajo, caen en depresión , y no se dan cuenta, como un día cualquiera, cierran los ojos para siempre.

Todos los casos de suicidio reportados, y no reportados, tienen un común denominador, un momento de angustia, continuada o momentánea, en que el ser humano, sin proponérselo, pone fin a su propia vida, si reflexionar, salvo muy contadas excepciones, en el paso que se dará, es por eso que debemos cuidar nuestra actitudes para con los demás, porque inconscientemente, podemos estar provocando que un semejante, puede ser un niño, niña, adolecente, hombre mujer, homosexual, o incluso una persona a la que amamos, tome una determinación de la que ya no hay vuelta atrás. EL PROBLEMA NO ES LA MUERTE, EL PROBLEMA ES QUE LA PROVOQUEMOS, O INFLUYAMOS EN QUE ALGUIEN SE CASE CON ELLA.