El sueño del Dr. Luther King


El sistema impuesto, o sea, el status quo o stablishment, estará dispuesto a contener y evitar cualquier cambio sustancial que ponga en riesgo los intereses económicos, polí­ticos y geoestratégicos de la potencia imperial.

Factor Méndez Doninelli

El ideario que orientó la lucha social encabezada por el doctor Martin Luther King, pastor evangélico afroestadounidense que dirigió el movimiento por los derechos civiles en los EE.UU. durante los años 60″s del siglo pasado, fue para lograr el respeto de los derechos humanos de la población negra, eliminar la segregación racial, evitar la exclusión y marginación de personas por razones de raza y color de la piel, hacer que la sociedad estadounidense fuera tolerante, justa e igualitaria, empujar la justicia económica a favor de los pobres y desposeí­dos así­ como oponerse tenazmente a la guerra en Vietnam. El 15 de enero se cumplió el 80 aniversario de su natalicio, que este año se recordó con varios homenajes. Nació en 1929 y como resultado de la fuerza de sus ideas, fue asesinado el 4 de abril de 1968 en el Motel Lorraine de Memphis, Tennessee a los 39 años. Lí­der estadounidense indiscutible del movimiento a favor de los pobres y de los derechos civiles de las minorí­as, organizó una campaña nacional por los desposeí­dos, criticó con fuerza la polí­tica exterior de su paí­s y se opuso a la guerra de Vietnam. Luchó y murió por hacer valer los principios de igualdad y no discriminación.

Luther King soñó con un paí­s libre de racismo, exclusión, odios y guerras. Su trabajo fue para eliminar la segregación racial, para que fueran reconocidos los derechos civiles de las minorí­as y para construir una sociedad justa e igualitaria, cuyos resultados empezaron a concretarse después de su muerte. Poco a poco, el sueño original fue cobrando fuerza, se eliminó la segregación racial, se reconocieron los derechos civiles de las minorí­as y se avanzó en las conquistas sociales. Sin embargo, hace falta mucho por hacer y construir.

Se puede decir ahora, que la victoria electoral en los Estados Unidos de un ciudadano negro, perteneciente a las minorí­as sociales excluidas, es parte del deseo soñado por quien tanto luchó y entregó su vida para lograrlo.

Cuatro décadas después de la muerte de Luther King, el señor Barack Hussein Obama admirador del primero, tomó juramento para convertirse en el 44° presidente de los EE.UU. y en el primer mandatario afroestadounidense en la historia del paí­s, por ahora, más poderoso del planeta. Por cierto que son muchas las expectativas que su llegada a la presidencia ha despertado en distintas regiones y paí­ses del mundo. Unos porque esperan cambios sustantivos que mejoren la situación económica global, otros porque tienen la esperanza de que la administración imperial corrija el rumbo de su polí­tica exterior a favor de la paz y la armoní­a mundial, sin guerras ni conflictos sangrientos. Hay quienes consideran que el sistema impuesto, o sea, el status quo o stablishment, estará dispuesto a contener y evitar cualquier cambio sustancial que ponga en riesgo los intereses económicos, polí­ticos y geoestratégicos de la potencia imperial. Sin alimentar falsas expectativas ni esperanzas fallidas, hay que poner atención al desenvolvimiento, decisiones, polí­ticas y pasos que emprenda la actual administración del presidente Obama. Por sus actos será juzgado.