Europa embarcó simbólicamente ayer en el Telescopio Espacial James Webb, el sucesor de Hubble, el célebre instrumento que ha revolucionado la astronomía, tras la firma por parte de la Agencia Espacial Europea (ESA) de un acuerdo de cooperación con la NASA.
El acuerdo oficializa los términos de su colaboración en el JWST (por sus siglas en inglés) durante una ceremonia celebrada en el Salón aeronáutico de Le Bourget, a las afueras de París, a la que asistió Jean-Jacques Dordain, director general de ESA, y Michael Griffin, administrador de la NASA.
Al igual que en el caso de Hubble, los europeos participarán a razón del 15% en este proyecto, valorado en 3.500 millones de dólares.
«La escala es comparable, pero nuestra implicación es más fundamental, ya que vamos a construir dos de los instrumentos» del JWST: el espectrógrafo en el infrarrojo cercano y el instrumento en el infrarrojo medio, explicó a la AFP David Southwood, director de los programas científicos de la ESA.
Los europeos asumirán así el coste del lanzamiento, previsto en 2013, que se hará mediante un cohete Ariane V ECA.
«Queríamos que fuera un programa de cooperación y una de las contribuciones más apropiadas que podía aportar la ESA a la misión era el mismísimo lanzamiento del JWST», recalcó Griffin, quien recalcó que no debe ser interpretado como un gesto político.
El JWST será construido alrededor de un espejo primario de 6,5 metros de diámetro, frente a los 2,4 metros de Hubble. Evolucionará en el espacio bastante más allá de la atmósfera terrestre, ya que estará situado en el segundo Punto de Lagrange, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección opuesta al Sol.
Desde este puesto de observación, este poderoso telescopio, que funciona con luz visible e infrarrojos, «promete revolucionar nuestra visión del Universo, como hizo en su tiempo Hubble», afirmó la ESA en un comunicado.
La participación de la Agencia Espacial Europea en el JWST permitirá a los astrónomos del viejo continente beneficiarse de un tiempo de observación en este instrumento, proporcional al esfuerzo financiero de la ESA.
Por otra parte, las dos agencias han firmado un acuerdo que especifica las cláusulas de su cooperación en el Lisa Pathfinder, encargada de verificar si la muy ambiciosa misión Lisa de detección de ondas gravitatorias desde el espacio es factible tecnológicamente.
Estas deformaciones del espacio y el tiempo, que predijo Einstein, no han podido ser demostradas hasta la fecha mediante la observación.