El subsidio al transporte


Cuestionable es siempre el subsidio al transporte urbano. En el fondo ninguna mejorí­a al mismo puede verse en cualquier momento. Tal requisito duerme el sueño de los justos eternamente. Hay que hacer el recordatorio que tienen el compromiso aceptado por los empresarios, que no simple convenio de voluntades.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Ahora deja de mencionarse en ese orden de ideas el término rimbombante e inocuo en la práctica de «cooperativas», ni siquiera representa una aproximación. Nunca jamás el usuario puede creer semejante patraña. Son propietarios individuales, eso sí­, algunos de varias unidades desvencijadas a simple vista.

Para nadie viene a ser un secreto, como si fuese del Pentágono la situación que dicho servicio público equivale al calificativo de pésimo. Tan poco vemos al menos intentos por darle cumplimiento a ese compromiso. Mismo a la altura de la reiteración cada vez que el gobierno central otorga el aludido subsidio.

Que por cierto no significa una bicoca. Por el contrario constituye, según se da a conocer oficialmente la cantidad de varios millones de quetzales, contantes y sonantes. Inversión dirigida a evitar el alza aberrante al valor del pasaje. Suma proveniente en realidad de los impuestos de los contribuyentes.

El objetable asunto del subsidio lleva varios años de concederse a los dueños de las mencionadas unidades, chimeneas rodantes, sin embargo, posesionadas con empuje. Y eso a la postre resulta motivo de crí­ticas y señalamientos, en razón directa a la incorrecta utilización de que es al final, merecedora de contarles las costillas.

Denuncias proliferan, pero distan de tomarse en cuenta, así­ de simple, de cómo el subsidio que reciben abarca unidades fuera de circulación. Esa anomalí­a a todas luces reprochable, adquiere el señalamiento de corrupción. En el ambiente estas prácticas forman un alud económico grosero y repudiable hasta el cansancio.

Hoy en dí­a procede la revisión de tal mecanismo compensatorio tipo subsidio mondo y lirondo. Si el fundamento radica acerca del alza desaforada del petróleo y sus derivados a nivel internacional, ahora ya no se justifica. El llamado oro negro en la actualidad descendió bastante.

Una cosa trae otra, en el mercado nacional, aunque a cuentagotas se perciben las bajas beneficiosas, a tí­tulo de mediáticos, generadores de satisfacciones. A extremo que el parque vehicular existente vuelve por sus fueros a dar señales contundentes, y a conformar las atrancazones rutinarias y molestas.

Amerita entonces, antes que después que las autoridades del ramo, ni lerdas ni perezosas revisen de inmediato el tantas veces subsidio al transporte urbano. En concreto es necesario y urgente reducirlo, congruente con los derivados del petróleo; directamente el diésel que su precio es mucho menor a estas alturas.

Desaparecida la causa, capaz de enormes preocupaciones, devenidas de los exagerados y bárbaros precios a que llegó y orilló al mundo consumidor. Indispensable debe ser la adecuación del subsidio estatal. En ningún momento es admisible ya el mecanismo de estiro y afloja. Tampoco los diálogos y articulación de consensos.

Al pan, pan; y al vino, vino. Amerita de consiguiente en beneficio de la población la pronta solución, como medida de buen gobierno, acorde con las imperiosas necesidades, las que a modo de punto de partida podrán desvanecer el agobio y clamores de los diversos segmentos del colectivo nacional.