“Los diferentes medios de comunicación nunca serán un sustituto para la cara de alguien que alienta con su alma a otra persona a ser valiente y honesta.â€
Charles Dickens
licgla@yahoo.es
Leí un artículo muy interesante que me llamó a la reflexión sobre un cambio de cultura en Guatemala, que viene in crescendo durante los últimos más o menos diez años, como lo es, la práctica del odio visceral hacia ciertas y determinadas personas que no son parte de la élite guatemalteca. ¿Cómo se ha manifestado esta insana situación? Algunos medios de comunicación, a los que eliminaré también el adjetivo de social, que se les ha agregado, y lo que menos tienen la mayoría son precisamente comunicación social, (previamente consulté al DRAE y no existen esas dos palabras unidas) con las honrosas excepciones de los decanos de la prensa en Guatemala, los demás se han dedicado a incentivar el odio bajo el amparo de la libertad de expresión, y han encontrado bastante redituable publicar cualquier monstruosidad cierta o no de quienes no son de su agrado, o sus allegados, escribo cierta o no porque no he tenido la satisfacción de leer que ningún representante de algún medio de comunicación así como “periodista†o “articulista†se presente con pruebas contundentes ante el MP o tribunales a presentar las denuncias correspondientes de las publicaciones que han realizado después de las sesudas investigaciones llevadas a cabo.
He leído, escuchado y visto como se burlan, ponen sobrenombres, o lo que es peor acusan a diestra y siniestra a los sujetos de su odio, hasta destruirlos, todo se asemeja a una corrida de toros, en la que el público soberano espera enardecido cada nueva estocada, el torero que es el medio de comunicación, o articulista, se preparan cual valiente torero a asestar con el estoque (que consiste en un arma blanca, similar a una espada, pero se diferencia de ésta en que generalmente no puede cortar con el filo de la hoja, pero sí puede perforar con la punta) el doloroso golpe que va a asestar, y el toro es la víctima del odio de los dueños de la “verdad†en Guatemala.
Todo lo anterior lo escribo con pleno conocimiento de causa, ya que sufrí en carne propia, lo que debe sufrir un toro en una soleada tarde de toros, en la que se presenta ante un delirante público, que lo único con lo que se queda satisfecho es con su muerte, y el torero, con su traje de luces, su capote y su estoque, dispuesto a cortarle la primera oreja, antes de darle dolorosa expiración, en la actualidad las corridas de toros solamente terminan con la muerte del toro, en mi caso, no lograron mi muerte física, como tampoco ninguno de los toros que han toreado, pero si la emocional, espiritual, y cualquier otra clase de muerte, que no es visible para el ser humano, yo me he logrado levantar, y herida, y sin oreja, sigo viviendo, y esperando que la radio que utilizó como un anuncio de su eficacia informativa (Radio Sonora) que la CICIG, había demostrado que me fui con mi amante y que no existió mi secuestro me presente a ese supuesto “amante†el que aún estoy por conocer, y, me pregunto, ¿Cuántos más han logrado o lograrán levantarse?
Realizo toda la relación anterior, porque creo firmemente que debe autocriticarse la tan cuestionada, en diversos círculos incluidos los académicos, libertad de prensa, ¿Dónde principia, y dónde termina la misma, tiene límites o no? No existen derechos sin límites, porque todos lo tienen, pero, en este cada vez más macondiano país, ese es el único derecho que parece no tenerlo, y ese derecho inlimite que se han atribuido estos grupúsculos significa el abuso del mismo. Actualmente vivimos en varias selvas, una de ellas, ¡oh sorpresa!, la protagonizan determinados medios, comunicadores y articulistas, solamente que como en el toreo, el toro no puede hacer nada más que embestir al torero, y en muy contadas ocasiones revertir la historia, ante el dolor del soberano, quien llora las heridas, de quien no ha tenido compasión para un ser vivo. En Guatemala, ciertos medios y sus colaboradores pueden decir lo que quieran de quien quieran, y la persona sentenciada sin juicio previo no tiene derecho alguno, en demasiadas ocasiones ni la de aclaración.
¿Qué ha sucedido? Que un derecho humano, como la libertad de expresión, ha sido mal utilizado, por dueños del poder para destruir a contrincantes de cualquier tipo, o personas molestas a sus intereses algunas veces mezquinos. A mi criterio existen dos clases de medios amarillistas, los rudos, que venden a base de fotografías de mujeres semidesnudas, y fotografías dantescas, para alimentar el morbo de un gran segmento del soberano, y los técnicos que utilizan otros medios como el descrédito, la mentira a medias, o completa, así como la burla para azuzar los más bajos instintos de otro segmento del soberano “culto†que saca toda su vergonzosa vulgaridad y odio por medio de los blogs, o repetir cual loros, lo que convenientemente han escuchado, visto o leído, y todo lo aseguran como una verdad infalible, porque lo dijo tal o cual comunicador, lo vieron en tal medio televisivo, lo leyeron en uno escrito, hoy también electrónico, o lo leyeron en internet.
Por lo anteriormente expuesto en base a mi dolorosa experiencia con algunos medios de comunicación, en nombre de quienes han sido, o serán víctimas de los mismos, apelo a que tanto gerentes, como periodistas y articulistas realicen una autocrítica constructiva, y se pregunten, ¿Qué clase de información merece nuestra sociedad, ya bastante dividida, polarizada y ensangrentada por la irresponsabilidad en el manejo de la desinformación? ¿Merece Guatemala que sus hijos sigan toreando con trajes de luces que son efímeras, a pobres víctimas de odios muchas veces por intereses personales o de grupo? ¿Cuál es la función del comunicador, destapar las cloacas y no cesar hasta llevarlas a los tribunales, o ser parte de las mismas? POR UNA JUSTICIA QUE DEBE PRINCIPIAR EN QUIEN DENUNCIA, GUATEMALA MERECE MEJORES COMUNICADORES, QUE TRABAJEN POR EL PROGRESO DEL PAíS, NO POR EL RETROCESO, Y DEJEN EL CAPOTE Y EL ESTOQUE PARA LOS TOREROS.