Hace más de un mes, ante la quiebra de Bancafé anuncié que al menos dos bancos estaban por tronar: uno de ellos ya lo hizo de muy mala manera: el de Comercio y creo que aún faltan otros dos, uno que sería absorbido por uno grande o bien se convertiría, como Banrural, en un gallo gallina entre gobierno y «sector privado», es decir de los que tienen pisto y el otro, que pasaría a ser deuda, no solo de los ahorrantes, sino de los guatemaltecos, gracias a la famosa ley del Fopa en donde, para aprobarla en el 2004 dicen que corrió mucho dinero e influencias en el lugar que ustedes ya conocen en la 9ª. avenida de la zona 1.
Pero ahora, con los dos macanazos que la Superintendencia de Bancos y la Junta Monetaria le asestaron a Bancafé y el de Comercio, no puedo menos que decir que es indignante y vergonzosa la actitud de algunos «banqueros» y funcionarios que con amplias sonrisas dicen que ambos casos no afectan al «sistema financiero», lo que los llena de alegría según aparece en la expresión de sus rostros, pero, me pregunto: ¿y qué pasa con los cientos de miles de guatemaltecos que de una u otra manera salieron perjudicados? A ellos, nuestros connacionales que se los lleve la… tiznada, porque muchos no son ricos, ni hombres de confianza, ni miembros del equipo de este macabro gobierno.
Lo que rebasa los límites de la indignación y lo pone a uno como sesenta mil, es el hecho de que en la quiebras bancarias de los últimos años, se percibe que fueron ejecutadas alevosamente y que se cometieron varios delitos graves contra los cuales, aun el Ministerio Público no ha tenido acciones concretas para detener y enviar a la cárcel a una buena cantidad de «niños y no tan niños bien» que siguen hartándose de los millones que fueron aportados en sumas pequeñas y grandes por una gran mayoría de guatemaltecos que tuvieron que trabajar honradamente para obtener esos fondos.
Pero aunado a esto, el Banco de Guatemala también tenía que poner su «granito de arena» a este desmadre nacional, cuando las anteriores autoridades (Junta Monetaria, Presidencia y gerencias del Banco) no previenen con tiempo la elaboración de nuevos billetes, no por el pretexto infantil de la demanda que habría en diciembre por parte de empresas y personas lo cual, dicen con cinismo, es un buen síntoma de que todos estamos nadando en dinero, lo cual en parte es cierto para los funcionarios que ganan sueldazos, fuera de los negociazos que llevan a cabo, sino porque los billetes al pasar de mano en mano, envejecen y se destruyen, son elementos fungibles, por lo que cada cierto tiempo es obligación del Banco de Guatemala elaborar nuevos para sustituir los viejos. Pero, ¿están enjuiciados algunos de los responsables por este hecho que implica incumplimiento de deberes y daños, tanto en lo penal como en lo civil? No, absolutamente no, pero gracias a Dios «el sistema financiero está bien» y los chapines bien… jodidos…
Tal parece que Guatemala está condenada irremediablemente a que quienes nos gobiernan o tengan el MíS común de los sentidos: el sentido común, lo que se demuestra claramente en el caso del Banco de Comercio, en donde todo fue debidamente planeado para ESTAFAR Y ROBAR ANTE LA FALTA DE VIGILANCIA Y DE ACCIONES OPORTUNAS DE LA SUPERINTENDENCIA DE BANCOS, que para colmo avisó a los responsables que los iban a detener por lo que huyeron, en tanto aquí, una familia queda dolida y desamparada porque el jefe de ella se suicidó por haber perdido sus ahorros. Estamos amolados.