Uno de los temas más socorridos en esta etapa de transmisión de mando ha sido la crítica formulada por distintos sectores al nuevo gobierno por la falta de inclusión a indígenas y mujeres en el equipo que tomará posesión el próximo lunes. Un indígena en el gabinete comparte responsabilidad con una solitaria mujer y ello ha permitido que se cuestione la idea expresada al día siguiente de su elección por el ingeniero Colom, sobre el sabor a tortilla y frijol y el rostro maya de su socialdemocracia.
ocmarroq@lahora.com.gt
Ayer en la Plaza Central elementos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército se afanaban por dejar colocado el Palo Volador que usarán algunos indígenas para mostrar a los capitalinos y a extranjeros que nos visitan, la maravilla de esa antigua tradición maya. Pero obviamente que el tema hace pensar en que nuevamente se utiliza nuestra diversidad cultural más como tema de folclor que como parte de nuestra enorme riqueza cultural, porque no deja de llamar la atención que para la entretención de los visitantes sí se acordaron de lo hermoso de nuestra mezcla de culturas, pero no hubo el mismo celo a la hora de integrar los equipos de gobierno. Algunos grupos indígenas hasta han cuestionado al único representante de ellos en el gabinete por considerar que esa «representatividad» es muy cuestionable.
El tema de la participación por cuotas ha sido utilizado en muchos países para dar oportunidad a minorías de tener alguna participación en la vida nacional, pero en el caso de Guatemala hay que entender que no estamos hablando de una minoría sino de la mayoría de los habitantes del país que conforman la población indígena. Si se puede discutir el tema de las cuotas, en el caso de Guatemala estamos hablando de una realidad totalmente diferente porque aquí resulta que históricamente la mayoría es la que ha sido no sólo ignorada, sino deliberadamente marginada.
Yo he sostenido que Guatemala es un país que tiene fuertes expresiones de racismo en el comportamiento cotidiano y lamentablemente ello se confirma con detalles como el que ahora comento, puesto que nada más racista que tomar en cuenta al indígena sólo como expresión folclórica e ignorar su capacidad, talento y preparación para participar en los procesos políticos del país, sobre todo cuando se habla de un cambio profundo, de un volver la vista a la Guatemala abandonada y profunda en donde viven quienes por siglos han permanecido marginados y olvidados.
La socialdemocracia tiene que privilegiar al ser humano frente al mercado y tiene que preocuparse por el fortalecimiento de la capacidad reguladora del Estado para evitar abusos y excesos en contra de los sectores más vulnerables de la sociedad. Esa esencia de la socialdemocracia demanda, desde luego, que se supere el criterio de paternalismo que pueda expresarse en una sociedad ladina «protegiendo» a la sociedad indígena porque está visto que lo que necesitamos es una plena integración, compartir responsabilidades y respeto mutuo para lograr fines comunes.
El Palo Volador me parece un nuevo capítulo de las edecanes de Casa Presidencial. Hubiera estado bien en un gobierno más plural desde el punto de vista étnico, pero en uno más de los de siempre, es usar al indígena como estampa para atraer turistas.