Han sido múltiples las opiniones y análisis publicados sobre el primer año de gobierno de la administración que preside Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti. La propaganda oficial al respecto ha sido millonaria, lamentablemente el Presidente de la República optó por no asistir al Congreso a rendir personalmente su primer informe y hacer una presentación improcedente en el Palacio Nacional.
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Se ha señalado que en el interior del gobierno hay cuatro grupos, siendo el más fuerte de ellos el que encabeza la Vicepresidenta en su carácter de Secretario General del partido de gobierno y en el de su cargo público. Ello, en parte, ha implicado que en la mayoría de ministerios el titular pertenezca a un grupo y los viceministros a otro, fomentando una dispersión, una falta de cohesión que hace menos eficiente la gestión pública en cada uno de los ministerios, secretarías y dependencias.
El gobierno en su administración es uno solo, el Presidente de la República es la máxima autoridad, por consiguiente, respetando y escuchando las opiniones de su Gabinete, debe velar porque la acción que se tome sea una sola, evitando con ello demoras y contradicciones que se traducen en ineficiencia.
El Vicepresidente de la República es el coordinador de la administración pública, su primera tarea de coordinación es hacerlo con el Presidente y con los gabinetes generales y específicos, logrando un consenso y mediante el mismo una sola dirección.
El Ejército, en el ámbito mundial, es el ejemplo de una estructura coordinada y disciplinada, de no producirse esto en una operación unos actuarían en un sentido y otros hacia otro, lo que debilitaría y conllevaría a la ineficiencia y el fracaso.
Guatemala tiene el grave problema que la cúpula empresarial y el sector privado organizado no comprenden que una cosa es simpatizar y apoyar una candidatura, un partido político y otra es el cobro de facturas para satisfacer intereses particulares y beneficios individuales. El éxito de los países desarrollados y de los que están a punto de entrar en esa categoría en América Latina es respetar cada quien el rol que le corresponde. El gobierno debe gobernar, buscar el bien común, el beneficio y la satisfacción de las necesidades de todos los miembros de la sociedad en general y el empresario grande, mediano o pequeño dedicarse a lo que le corresponde, producir con eficiencia, ser competitivo y no buscar protección o privilegios.
Es una obligación de la sociedad civil, especialmente las iglesias y universidades, manifestarse en lo que es y debe ser el desarrollo social, para que se brinden mejoras en la educación, salud, infraestructura, seguridad y demás derechos individuales o colectivos de forma precisa y ponderada.
No podemos aceptar, ni mucho menos sentirnos satisfechos que en Paraguay se proyecte que va aumentar en su economía de un 10% a un 9%, Perú y Panamá de un 8% a un 7% y Guatemala, en el mejor de los casos, pueda obtener solo de un 3.5% a un 3% del PIB, eso es retroceder, su impacto implica más pobreza para la mitad de los guatemaltecos, ya que la distribución del PIB no es homogénea, son las élites las que obtienen el mayor porcentaje de los beneficios, la mayoría no recibe ni siquiera ese promedio de aumento.
El Presidente y Vicepresidenta no deben olvidar que el segundo año de gobierno es el de mayor oportunidad para su gestión administrativa, el tercero es menor y el cuarto es prácticamente perdido, nulo, donde todos solo piensan en el proceso eleccionario, en cómo vacunarse para que no les acusen, fundada o infundadamente, de corruptos.
¡Guatemala es primero!