Hoy 8 de enero, Elvis Presley cumpliría los módicos y maduros 73 años de edad. Nació en Tupelo, Mississippi, una localidad pequeña cercana a Memphis. Un buen día de 1953, Elvis leyó el anuncio de un estudio de grabación: «Grabe su propio disco. Cuatro canciones por dos dólares». Decidió entrar a Sun Studios para hacerle un regalo a su mamá. Apenas tres años después, uno de sus sencillos estaba al tope de las ventas y miles de jovencitas gritaban a su alrededor, varias de ellas pagadas por su «manager», un inmigrante ilegal y visionario inescrupuloso, el «Coronel», Tom Parker.
Tanto entonces como ahora, el fenómeno superó al cantante. La pelvis tapó la laringe, el mito al artista. Todo en el caso Elvis ronda lo inverosímil. Vendió más de 300 millones de discos, lanzó 106 hits y filmó 33 películas. Y todavía vende desde su cripta. Después de gozar de una vida de fama, éxito y glamour, el 16 de agosto de 1977 murió en su casa después de ingerir 14 estupefacientes distintos. El cantante tenía sobrepeso, padecía problemas respiratorios y estaba cerca de la demencia.
Al día siguiente de su deceso, comenzó la leyenda. Algunos lo han visto comiendo una hamburguesa en Kalamazoo, Michigan; otros reportaron que estaba en una casa rodante en Louisiana; en Osaka, Japón, tomaba cursos de danza del vientre; en la República Checa conducía un tranvía. En Gran Bretaña aseguran que compraba zapatos de gamuza azul. No hay pruebas ciertas, a pesar de la recompensa de 3 millones de dólares para quien aporte elementos concretos de que el Rey aún vive.
Hoy martes, cientos de mitómanos están reunidos en Graceland, la que fuera mansión del divo. Los roqueros de verdad no suelen llegar a ese circo. Bienvenido el homenaje anual, pero vade retro los integristas de la lentejuela y la quincalla, el oropel y la bisutería, quienes hunden lo auténtico que tuvo el jovencito de Tupelo.
Mi hermano Jorge, en la Navidad de 1970 se regaló a sí mismo un disquito de 45 rpm de el Rey. Una y otra vez escuchábamos su imponente voz. En homenaje a ambos, vuelvo a oír Suspicious Mind: «So, if an old friend I know / Drops by to say hello / Would I still see suspicion in your eyes? // Here we go again / Askin» where I»ve been / You can»t see these tears are real / I»m cryin» (Yes, I»m cryin»)».
Sí, es cierto: el nombre de Elvis es el anagrama de «Lives»: él vive.