Pedía clemencia
El sacerdote Mario Orantes se encontraba desesperado en 2001 y clamaba por el pronto debate para demostrar su inocencia del cargo que se le imputaba por la muerte de monseñor Juan Gerardi, dijeron sus abogados defensores, José Toledo y Luis Mazariegos. Según Mazariegos, para su patrocinado, el casi un año que lleva de hallarse hospitalizado, sufriendo quebrantos de salud que se le agudizaron, habían sido un verdadero calvario, saturado de incertidumbre. A las dolencias físicas, se le sumaban las emocionales, porque el religioso, que durante muchos años fue asistente de monseñor Gerardi en la parroquia de San Sebastián, estaba listo para demostrar su inocencia, pero el caso seguía siendo retardado por los muchos recursos presentados por las otras partes procesales, manifestó el abogado.