Hace dos meses, aproximadamente, el escritor guatemalteco Edgardo Barreda (1947) presentó su más reciente poemario «Sueños de luz y sombras», un libro que rinde culto al aforismo y a la poesía brevísima.
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Desde su anterior poemario, «Mundo de contradicciones», como su título lo indica, había demostrado que la contradicción es una de sus estrategias poéticas.
El título de «Sueños de luz y sombras» revela la continuidad por la contradicción, tal como manifiesta en su poema «Luz y sombra» (página 43), en donde ofrece su visión por esta contradicción. La luz, como tradicionalmente se concibe, representa la razón, la inteligencia, la vida, el dominio sobre sí mismo; mientras que la sombra, lo contrario.
La generación de Barreda debió de haber vivido un mundo polarizado, marcado por la contradicción. Por ello, supongo que un discurso poético válido surge de la insatisfacción, tal como lo expresa en el poema titulado «Inconformidad»: «Algo anda que no camina / algo viene que no anda.» (p. 10)
El corto ejemplo anterior me conduce a señalar otra característica del poemario: la brevedad.
El aforismo surge en poemas como «Del querer al ser»: «Quise ser poeta de esperanza / y el dolor me alcanzó en la esquina.» (p. 12).
Otros ejemplos de brevedad en Barreda es un uso a semejanza del haikai, no por la versificación, sino por la estrategia de enunciar un objeto y luego metaforizarlo, como en «El trabajo»: «Hijo de mis manos y de la mente / puedes ser juego o castigo / alegría o cadenas de la vida.» (p. 29)
La brevedad ya había sido estrategia válida en la literatura, como en el vanguardista español Ramón Gómez de la Serna con sus «Greguerías», o en los aforismos intelectualoides que Augusto Monterroso otorga a su personaje Eduardo Torres en la novela «Lo demás es silencio».
La velocidad posmoderna evade las palabras, pero el poeta aún siente la obligación de hablar; ése -considero- es la intención de Barreda, tal como lo expresa en «La palabra»: «Si ya todo se ha dicho si todo está escrito / nos quedaría solo callar para que los cangrejos / retrógrados duerman felices.» (p. 36), dice el poeta con cierta amargura.
La brevedad casi aforística es lo más destacable de este poemario, compuesto por tres secciones, la mayoría con poemas de dos o tres líneas a lo sumo. La temática de estos textos es idealista, moralista y romántica, características que gusta mucho a cierto tipo de público. Por ejemplo, poemas como «Buenos y malos»: «Lo que más daño le ha hecho a la Humanidad, es dividirla en buenos y malos y considerarse los buenos, con este triste pensamiento, se han cometido atrocidades contra pueblos enteros, donde habitan personas tan inocentes como nuestros pequeños hijos (…)» (p. 26) De nuevo surge la contradicción entre la «luz» y la «sombra»; sin embargo, ya hay un tono moralizante que, aunque válido, corre el peligro de caer en el lugar común y en la opinión fácil pero sin profundidad; he ahí los peligros estéticos de este poemario.
* Don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo 6.