El retorno de Erick Barrondo: un Acontecimiento Medial


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La semana pasada Guatemala entera vibró al unísono con el retorno triunfal de Erick Barrondo, ganador de la medalla de plata en marcha de 20 kilómetros en las Olimpiadas celebradas en Londres y donde los competidores nacionales obtuvieron puestos destacados y honrosas participaciones. Como lector de los signos actuales, semiólogo social, sea este un pequeño homenaje para estos jóvenes chapines, interpretando lo que vivimos y sentimos ese lunes 13 de agosto.

Ramiro Mac Donald


El retorno de este excepcional joven atleta,  además de ser sensato y sereno, es poseedor de honda sabiduría y sana filosofía popular, bien puede ser calificado como un verdadero “Acontecimiento Medial”. Es decir, tuvo una cobertura mediática de igual magnitud que otros eventos internacionales que suceden en países desarrollados, de acuerdo con Daniel Dayan y Elihu Katz, autores de: “Media Events: The live Broadcasting of  History” (1992), Harvard University Press.

Entre otros géneros televisivos, el Evento Medial, tiene características peculiares: 1) Interrumpen la programación habitual, rutinaria. La TV y la radio de nuestro país transmitieron en vivo la llegada del “héroe” al país y el desborde popular en las calles. 2) Todos los medios estaban en la misma sintonía, todos lo destacaban. 3) Era una transmisión en directo, ininterrumpida, desde temprana hora hasta entrada la noche. 4) Era un evento no organizado por los medios, sino por las autoridades deportivas y gubernamentales. 5) Fue planificado y publicitado ampliamente, desde unos días antes, incluso, previa a su lamentable descalificación del sábado. 6) Fue una presentación pública con un ceremonial preparado: llegada al aeropuerto, desfile, arribo al centro del poder político y sus esperadas palabras. 7) Con este Evento Medial, celebramos algo así como una reconciliación popular con la nacionalidad guatemalteca. En esos momentos nadie hablaba de conflictos, solo de emociones positivas. 8) Las transmisiones conectaban en vivo a todo el país, hasta el más recóndito lugar. Toda Guatemala estuvo pendiente de su arribo. Todos lo queríamos ver. 9) Se trató de un evento colectivo de gran poder social integrador, como pocas veces lo habíamos visto, tal vez por ser una primera medalla olímpica; medalla que todos sentimos nuestra, porque también corrimos junto a Erick por Londres.

En esa transmisión, todos nos sentimos jubilosos por el triunfo de Erick, el atleta chapín, que resultó ser todo un filósofo de la vida y un ejemplo a seguir. Su historia de luchas y resistencias, además de poseer un humanismo auténtico, conmueven; nos demuestra que es posible alcanzar los sueños, si se trabaja con disciplina y pasión.  Todos los guatemaltecos estábamos “integrados” esa tarde/noche en las imágenes visuales o auditivas que los medios nos transmitían: nos olvidamos de las penas y los sinsabores; de las violencias y las inseguridades… hasta toleramos que algunos políticos de turno aparecieran junto al héroe nacional. Juntos vibramos cuando Erick Barrondo cantó el Himno Nacional, pocos de los referentes que nos unen. Sentimos orgullo de tener a un joven con verdadera dimensión heroica, pues estamos tan necesitados de chapines aguerridos y ejemplares.

Interpreto esta semiosis social como experiencias altamente emotivas, vividas en directo por la TV, la radio y las redes sociales. Desde nuestras salas, ese espacio privado de la familia, saltamos al bus de la caravana, al escenario frente al Palacio para estar junto a Erick, los atletas y el entrenador. Esa sala íntima la transformamos en un espacio público. Y compartimos, con toda Guatemala, una Ceremonia Medial única, excepcional. La comunicación electrónica registró en nuestras pupilas, algo de lo bueno que nos ofrece la guatemalidad, y que lamentablemente no nos presenta ese rostro amable, sino todo lo contrario.  Mi padre me contó haber vivido el regreso triunfal de Mateo Flores, imagino que fue algo parecido, hace 60 años, en abril de 1952.