El respeto y los valores


La doctrina católica establece como un mandamiento fundamental «honrar padre y madre». En todos los paí­ses del mundo se inculca el respeto a los sí­mbolos patrios, a las autoridades y a nuestros mayores. Guatemala es un paí­s que ha perdido mucho de ese respeto y todo esto, tarde o temprano, afecta a nuestros hogares, a la sociedad y juventud.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Durante el concurso Latí­n American Idol en el que el joven guatemalteco Carlos Peña fue electo como la figura más destacada como cantante, la juventud se vio unificada y entusiasmada por apoyar dicha elección. Mis nietos, al igual que todos los jóvenes de su edad, se encontraban pendientes y contagiaron su entusiasmo a sus padres, era tal su deseo de obtener este resultado que emplearon sus asignaciones semanales para comprar tarjetas telefónicas para votar a favor de Carlos Peña, incluso, uno de ellos me pidió prestado mi celular para votar a favor de este joven valor, lo cual le permití­ -no sólo para apoyar su entusiasmo-, sino por simpatí­a a su familia, a su padre Hugo y a su abuelo Tin tan Peña», del que desde joven tuve un conocimiento personal, pues se casó con la hija más pequeña de mi tí­o Rafa.

Es indudable que todos los pueblos, nosotros no somos la excepción, necesitamos este tipo de estí­mulos, ya sea en lo artí­stico o en lo deportivo, por esa razón Rusia, Cuba, Estados Unidos, China, etc., estimulan el deporte, la cultura y el arte, es una manera de distraer la atención pública de las vicisitudes, especialmente en un paí­s como el nuestro donde no hay mucho de qué alegrarse. En otras palabras es, como en la época de los romanos, una distracción para que el pueblo centre su atención.

No hay duda que Peña merece el logro obtenido, lo que sí­ ha llamado la atención y lo han comentado en varias cartas a diferentes medios de comunicación es la improcedente actitud del Presidente y Vicepresidente de la República que subieron al estrado buscando apropiarse -ante la opinión pública- de un éxito que no sólo no les correspondí­a, sino que ellos como representantes de la unidad nacional no supieron guardar la compostura.

Inclusive, ha habido cartas donde se señala que en la bienvenida de Carlos Peña se reflejó la perdida de valores educativos y cí­vicos, pues varias personas al entonar el Himno Nacional no se descubrieron, sino mantuvieron las gorras puestas. Esto me recuerda el último mes de septiembre de 2003 cuando fungí­a como Vicepresidente de la República, y concurrí­ al Teatro Nacional a juramentar como ciudadanos a varios miles de jóvenes, mujeres y hombres, y algunos de ellos, mientras se entonaba el himno se comportaban de manera poco respetuosa, bromeaban, mientras la gran mayorí­a, con fervor patrio y respeto, entonaban el Himno Nacional, hecho que me hizo necesario señalarles que de la misma manera que nosotros honramos a nuestros padres, respetamos a nuestros maestros y nos comportamos decorosamente en la iglesia, independientemente de cuál sea la religión que profesemos, así­ debemos de cuidar nuestras actitudes cí­vicas. Como dijera el prócer y poeta José Martí­: «Honrar, honra».