El regreso a clases


juan-de-Dios

Significa todo un suceso anual de matices que genera volver a las andadas. El presidente doctor Juan José Arévalo, de grata recordación, lo cambió a enero. Antaño principiaba en mayo, tras las vacaciones escolares de verano: marzo y abril. Implica un movimiento obligatorio cuya repercusión atañe a importantes sectores y sus referentes son: alumnos, padres de familia y docentes.

Juan de Dios Rojas

 


La ciudad adquiere el  característico vaivén consistente en alegres y agresivos educandos,  plenos de estimulación temprana.  Transporte escolar,  o no, atiborrado  de estudiantes ponen la nota de jolgorio  y  entusiasmo  a toda prueba.  Por lo  tanto  el  tráfico muestra un verdadero  nudo  gordiano,   desde adelantadas horas en las diversas zonas y colonias adyacentes de fijo.
Pero el prólogo innegable viene a ser  verdaderos dolores de cabeza a sus progenitores.  Hasta los últimos dineros deben hacer frente a tantísimo gasto en útiles escolares,   textos  y calzado.   También uniformes,  calcetines y calcetas,  sin desestimar la serie de pagos como colegiaturas.  La gratuidad ensalzada por Colom lleva el chasco que planteles cobran cien quetzales por inscripción,¡!.
Como quiera que sea,   siempre surgen  tropiezos a granel.  Escuelas rebasan al cupo conveniente,  existe deserción escolar  debido  a cosas y casos de ordinario.  En otros planteles del  sector oficial la deseable y reglamentaria refacción escolar,  no aparece por  ningún lado,   pese a la  desnutrición palpable. Tampoco los edificios carecen de comodidades mínimas y resultan un desastre.
El magisterio en General y en particular el oficial, pese a los 180 días reglamentarios, allí se las den todas. Resulta mera letra el indicado mandato, dado que no faltan motivos, entre ellos las infaltables huelgas, paros y en fin, de la denominación diversa, para incumplir la decisión, en perjuicio  claro  de llenar el  tiempo  estipulado, ¡qué lástima grande!
Recién en un telenoticiero nos enteramos de la entrevista hecha a un exviceministro de Educación del anterior régimen de gobierno, durante el desastroso de Colom, algo crítico. Respecto al candente tema de la mejora del proceso educativo, mejor dicho a la reforma sustancial del sistema, acotó algo increíble. A su entender, podría llevarse a cabo dentro de varias décadas. Amolados estamos.
De dicho  tema se habla mucho. Que urge sobcasremanera,   estamos rezagados y alejados de cumplir las metas del milenio,  sin embargo, no hay modo que se avizore siquiera los indicios en ese sentido.  Especialistas dan su versión una y otra vez,  empero queda en el mismo sitio  cualquier proyecto.  Quién sabe cuántas generaciones vivirán a la expectativa del susodicho asunto.
Antes de proseguir, retomo el período de vacaciones escolares y cuestiones a la espera de retomar acciones en su beneficio. Un tiempo ido en ese período hubo campamentos a cargo del  gobierno,  los mismos bajo la denominación de escolares.  Desarrollaron actividades educativas de índole formativo.
Es lamentable como  acciones bien calificadas por  sus resultados convenientes,  al final  de cuentas no pasan de ser mera flor de un día;  también bajo el  calificativo  verídico de conformar, sin  temor a dudas,  la verdadera Niña bonita,  tan endiosa,  merecedora de apología a la enésima potencia; aunque llegan a ocupar el mismo sitio consistente en el olvido.
No dejo pasar  en blanco el caso de los útiles escolares,  hoy  en la preocupación de padres de familia.  Tocante a precios altos, a enorme cantidad pedida, ¡digo!   exigida en los planteles  del  sistema. Muchos quedan utilizados a medias,   siendo  un  desperdicio.  De consiguiente,   adquiere  vigencia el dicho sabio  y práctico  de: menos  exigencias  y más calidad.
Tampoco propugnamos por  solamente una pizarra y un pizarrín,  útiles de la época  de Tata Lapo.  Empero y en atención a la actual  situación de crisis económica,  debe ser tonada muy en cuenta;  el sacrificio de los padres de familia representa hasta adquirir  compromisos con tal  de proveer  a sus hijos(as)  de lo requerido. Además de evitar  la  deserción a toda costa.