Una mezcla de frustración y desencanto se está apoderando de amplios sectores de la población frente a los efectos de la crisis económica, los altos niveles de inseguridad ciudadana, la constante violación a los derechos humanos y la pérdida del poder de compra de la moneda nacional que en las últimas semanas se ha devaluado en forma significativa en relación con el dólar de los Estados Unidos.
A todo ello se suman los constantes aumentos a los precios de los combustibles con los consiguientes efectos multiplicadores de carácter negativo, particularmente el alza de los productos de consumo básico, pues los costos de los fletes ya no son los mismos de las últimas semanas.
A todo lo anterior hay que añadir el clima de inestabilidad política que prevalece en el país como consecuencia de la profunda fragilidad del llamado sistema democrático que no responde a las expectativas del pueblo, pues el mismo ha sido distorsionado por la hegemonía de pequeños grupos, pero muy poderosos, que tienen el control de las principales actividades nacionales en una clara manifestación de codicia y voracidad económica, mientras amplios sectores de la sociedad cada vez se hunden más en la pobreza y en la desesperanza ante la atmósfera de un futuro incierto.
En medio de todo este cuadro desalentador, ahora se agrega la triste decisión gubernamental del recorte de más de 2 millones de quetzales en el presupuesto anual del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, una de las instituciones más queridas por el pueblo de Guatemala.
El Comandante General de esa benemérita institución, señor César González, ha explicado que la disminución de los recursos económicos pone en riesgo la dinámica de los servicios de socorro que las compañías y estaciones diseminadas en todo el territorio nacional prestan constantemente para beneficio de los habitantes.
Dentro del clima de violencia generalizada, son los bomberos quienes primero acuden a prestar el auxilio necesario a los guatemaltecos, lo cual se traduce en gastos de combustibles, desgaste de llantas de los vehículos y otros costos de mantenimiento.
Consideramos que el Ministro de Finanzas Públicas, doctor Juan Alberto Fuentes, debe rectificar la medida del recorte económico a los bomberos, pues la misma no ha sido bien recibida por la población. Para resolver el problema, se deben suprimir gastos superfluos como los excesivos gastos de publicidad y propaganda en el Ejecutivo, además de otras medidas de austeridad que son indispensables en un período de vacas flacas como el que ya se comienza a sentir en Guatemala. Recortar el presupuesto a los Bomberos Voluntarios no sólo es una medida impolítica, sino absolutamente impopular.