A la memoria de don José Méndez Zúñiga, antigüeño enamorado y defensor de su ciudad natal.


El Real Palacio, conocido también como el Palacio de los Capitanes Generales, es uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad de Antigua Guatemala, legado por la M.N. y M. L. ciudad de Santiago de Guatemala.
Su construcción a los largo de una manzana, embelleció la Plaza Mayor junto al Palacio Consistorial o del Noble Ayuntamiento, el Palacio Arzobispal que primero fue sede del Obispo y después del Arzobispo; la S. I. Catedral Metropolitana; dos soportales donde el contiguo al del Ayuntamiento, funcionó la primera imprenta venida de Nueva España (México) al Reino de Guatemala y para embellecerla un poco más –en 1555- se levantó al centro una fuente, donde el agua salida de los caños y de los senos de cuatro ninfas, jugueteaba en tres piletas artísticamente labradas.
La plaza mayor es amplia y ventilada, a diferencia de las medioevales. De ella se desprenden las calles tiradas a cordel a los cuatro puntos cardinales.
El Real Palacio –al sur de la Plaza Mayor- es de doble arquería de medio punto romano, con columnas estriadas de piedra en la planta baja y de mampostería o calicanto la alta. Las columnas de piedra son más altas que las de calicanto, ligeramente reducidas en la parte superior. Las basas de cada columna son cuadradas, el fuste cilíndrico y estriado y el capitel similar a la base en donde se apoyan los extremos de cada arco, terminan en lo alto con un pináculo de torrecilla cuadrada en punta. Los tres arcos del medio sobresalen por su amplitud, especialmente el del centro. Resaltan por ser de doble columna y estar un tanto salidos de la base. Rematan en lo alto con el escudo de España en tiempos del Rey Carlos III, protegido por las columnas de Hércules y por dos leones rampantes coronados que simbolizan la fuerza.
De los tres arcos centrales, se desprenden once arcos de cada lado y otro al costado en ambos niveles.
El piso de la parte baja es de lajas de piedra, mientras que el del segundo nivel es de ladrillo.
Por una tarja labrada en piedra, que remata en la arquería oriental, se sabe que la obra fue terminada en el año de 1764.
La piedra guardó para la posteridad, esta valiosa inscripción que, para facilidad en su lectura se cambió la ortografía. “Gobernan/do la Monarquía/ de España el S. D./ Carlos III y este Rei/no el M.Y.S.D. Alonso/ Fernández de Heredia/ Mariscal de Campo de/ los Reales Ejércitos de su Majestad G./ y Capitán General y Presidente/ de esta Real Audiencia, se hizo e/ sta obra la que dirigió/ el Coronel de Ingenieros/ en jefe de los Reales Ejérc/itos y Plazas de su Majestad/ Don Luis Diez Nava/rro. Año de/ 1764”
Fue sede de la máxima autoridad real en el Reino de Guatemala. El 6 de septiembre de 1560, su majestad ordenó que la persona que lo represente como Gobernador del Reino, sea a la vez, Presidente de la Real Audiencia. En consecuencia, el representante de la corona ostentaba el grado militar de Capitán General y desempeñaba las funciones de Gobernador del Reino y Presidente de la Real Audiencia que era de media mesa, o sean cuatro Oidores.
Para perpetuar la distinción que la Reina doña Juana, dio a la ciudad de Santiago con otorgarle su Escudo de Armas, éste ha sido colocado –posteriormente- en el remate occidental.
El terremoto de Santa Marta del 29 de Julio de 1773, le causó severos daños y fue el inicio de un largo período de abandono. Como la disposición inmediata e inflexible del Capitán General don Martín de Mayorga fue la de no luchar por la reconstrucción de la ciudad de Santiago de Guatemala, sino buscar un sitio -en apariencia más seguro- optó por abandonar la ciudad dañada y levantar una nueva ciudad en el valle de la Ermita o de la Virgen.
Las órdenes de abandonar el proscrito suelo fue acompañado con la prohibición de reconstruir templos, edificios reales o municipales y las propias casas de habitación. Y para forzar el traslado de los habitantes que se resistían a obedecer sus disposiciones, ordenó el desmantelamiento de todos los edificios reales, municipales, religiosos y universitario de la ciudad. Y ante la resistencia de los habitantes de trasladarse a la Ermita, llegó al extremo de cortar el suministro de alimentos. Aun así, demostraron su coraje para subsistir y crearon su propia gastronomía, pero al ser tan severas las amenazas y más aun las de su fiel ejecutor, fueron presa de temor que nos les quedo otro camino que contemplar en silencio, cómo una ciudad tan bella como lo fue la de Santiago de Guatemala, que solo le aventajaban las ciudades de Lima y Nueva España, entraba poco a poco en un completo abandono que se extendió por largos años. Y no se crea que eso terminó, porque aun en nuestros días, el abandono es evidente en monumentos que pueden colapsar como sucedió con la bella y artística fachada de la iglesia de San Sebastián.
“El 22 de mayo de 1777, un carpintero y seis peones, inician el desmantelamiento del ex – Palacio de los Capitanes Generales. Fueron quitadas, puertas, ventanas, rejas, vigas y tablas del tapanco.” (Ef. p.261) y el 27 de septiembre del mismo año “Mayorga después de haber visitado el ex-Palacio de los Capitanes Generales, ordenó ‘arrancar’ puertas, ventanas, rejas, lozas, maderas, tapices, cañerías del agua corriente, búcaros, escudos y en una sola palabra, todo aquello que pueda ser utilizado en la Nueva Guatemala de la Asunción. En esta misma visita, dejó ordenado al justicia mayor Fernando del Sobral, quien dicho sea de paso fue fiel intérprete de las despóticas órdenes de su jefe…que si faltaba piedra en la Nueva capital, arrancara las piedras de las calles.” (Ef. p. 262)
Don José María Palomo y Montúfar, cuando desempeñó el cargo de Corregidor, a mediados de 1850, se ocupó de reconstruir varios edificios oficiales, municipales y religiosos. Las órdenes de Mayorga y de Gálvez habían perdido su efecto pero no su daño. A él se debe el despertar de Antigua Guatemala después de tantos años de letargo y abandono.
Como dato curioso encontramos en uno de los ex – votos que los fieles depositaban al Sr. Sepultado de San Felipe, en testimonio de haber sido sanados, el de Policarpo López que colocó el 26 de junio de 1864, por haber sido curado cuando accidentalmente cayó del segundo nivel del Palacio de los Capitanes Generales y se rompió la pierna derecha que hasta se le salió el hueso. Era uno de los albañiles que se ocupaba de la reparación del palacio de los Capitanes Generales. .
El general Manuel Lisandro Barillas, quedó prendado de una guapa, esbelta y educada doncella antigüeña y se enamoró tanto que en prueba de amor, le ofreció mandar a reconstruir el Palacio de los Capitanes Generales. Una placa en la pared de occidente en la entrada a la cancha de básquetbol, da testimonio de la reparación y en silencio, de ese regalo de amor. Sus instalaciones fueron puestas al servicio de oficinas públicas. Juzgado de Paz, Juzgado de Primera Instancia, Destacamento de la Policía Nacional, Cárcel pública y Jefatura Política.
El terremoto del 2 de agosto de 1942, le ocasionó daños muy severos que se temió por su estructura. De inmediato el gobierno del General Jorge Ubico, encargó de su refacción, al ingeniero civil y arquitecto Rafael Pérez de León. Y resistió, también, como un atlante, la furia del terremoto y réplica del 4 y 6 de febrero de 1976.
Fue hasta el año de 1784, cuando se terminó el traslado de materiales y escombros de la arruinada ciudad a la Nueva Guatemala de la Asunción, que se le nombró Real Palacio. A partir de entonces, los vecinos de la ya ciudad de Antigua Guatemala, le empezaron a nombrar Palacio de los Capitanes Generales hasta nuestros días.
El Palacio de los Capitanes Generales ha sido –felizmente- recién reconstruido y ha vuelto a lucir todo su esplendor. Es el momento propicio para que el Ministerio de Cultura, la Municipalidad de Antigua Guatemala y el Consejo para la protección de dicha ciudad, demuestren el por qué de su existencia, para qué han sido instituidas y en su función de cultura, de exaltación y preservación, conviertan el Palacio de los Capitanes Generales en un museo histórico-cultural, que recupere el patrimonio material relacionado con su pasado, no sólo de la ilustre e histórica ciudad de Santiago sino del Reino de Guatemala y se pueda mostrar a propios y visitantes, como un libro abierto la grandeza de su pasado.
Reconstruir las habitaciones y el Despacho del Gobernador y Capitán General; Sala del Real Sello; la sala de la Real Audiencia de media mesa; Sala de Justicia; sala de las Reales Cajas, Contaduría, Tesorería y el Tribunal de Cuentas; Real Capilla; Sala de Armas; Guardia de Palacio y Cárcel Real o de Corte. Lista de los Ex – Presidentes y de los Obispos y Arzobispos; Un museo con objetos, numismática y pinturas y una biblioteca-hemeroteca que contenga el patrimonio bibliográfico de todo lo escrito específicamente sobre la ciudad de Santiago de Guatemala y en general de la Capitanía del Reino de Guatemala, sin faltar las Leyes de Indias. Enriquecerlo con charlas para estudiantes y conferencias dictadas por académicos de la historia.
La primera objeción será la falta de recursos económicos para un proyecto de tal envergadura, aunque el gasto sea para una sola vez. Pero así como hay suficiente dinero para gastos superfluos, bien puede haber un poquito para esta obra que perdurará siempre y recuperará su historia dispersa y en muchos hechos desconocida, al igual que la vida y las costumbres de entonces, Creo que la negativa a realizar grandes proyectos, es la poca cultura que se escuda en la falta de recursos económicos. Otros países, como por ejemplo República Dominicana, no han escatimado sus recursos económicos para convertir su Real Palacio en un museo que muestra con orgullo, a propios y extraños, la riqueza de su pasado. Es una gozada visitar el Real Palacio y recorrer con admiración, todas y cada una de sus salas puestas en valor, en muestra pedagógica-histórica admirable.
Como nada es imposible cuando si se quiere, entidades relacionadas con la ciudad de Antigua Guatemala y con la cultura nacional, pueden dar su aporte para convertir el Palacio de los Capitanes Generales en un museo histórico-cultural, que le devuelva todo su esplendor de lo que fue y se recopile tanto material y documentos dispersos y desconocidos para los investigadores históricos.
Y parafraseando a don Cecilio del Valle en el “Soñaba el Abad de San Pedro y yo también se soñar”, mi deseo y mi recomendación de ver convertido el Palacio de los Capitanes Generales en un Museo histórico-cultural, me permite decir que yo también se soñar.