El quince de septiembre y sus prejuicios


La fecha de la Independencia nacional ha sido motivo de polémicas, mal entendidos, rencores y prejuicios. Es común escuchar a los intelectuales de izquierda, incluyendo maestros de Estudios o Ciencias Sociales, así­ como a lí­deres y dirigentes populares, calificar siempre a la Independencia Nacional con adjetivos negativos, peyorativos y despectivos. He oí­do, por ejemplo, un sinnúmero de veces la cantaleta de que no somos independientes y de que la tal Independencia patria sólo fue un show de los criollos guatemaltecos, en defensa de sus intereses económicos; que para las masas populares nada significó y nada sigue significando, aun y cuando se siga enseñando en las escuelas su significado positivo y se organicen festejos para su conmemoración.

Milton Alfredo Torres Valenzuela

Yo siempre he pensado que las entidades abstractas como la patria, la nación, el Estado y algunos de los atributos que les son inherentes como la libertad y la autonomí­a, son en buena medida producto, más que de la realidad histórica o inmediata, de la proyección ideal de los sujetos involucrados en la vivencia y percepción de los mismos. Siempre que decimos: «somos independientes» o «somos libres», enunciamos una verdad a medias, pues en estos contextos, lo absoluto es lo idealmente alcanzable y, por lo tanto, lo posible, lo realizable. Nadie, a estas alturas, podrí­a hablar de una independencia o de una libertad total, menos en las condiciones que determinan a los paí­ses tercermundistas como el nuestro. La conciencia colectiva, o eso que ahora llaman el imaginario colectivo es, en buena medida, una invención de los sujetos. Los hechos históricos «reales», siempre tienen otra dimensión de la que los sujetos tienen acerca de ellos, mucho más en la medida en que más se separan en el tiempo. Los hechos históricos se vuelven signos y sí­mbolos, y, como tales, arbitrarios y convencionales; su significado cambia de acuerdo a los nuevos contextos o circunstancias. Lo que significó la Independencia para nuestros abuelos, es algo totalmente distinto a lo que significa para nosotros. En todo caso, la construcción del «Deber Ser» se posibilita a partir de estos signos , que ya no valen tanto en lo que en sí­ mismos son, si no en lo que valen o en lo que significan para los demás sujetos en las distintas épocas y especialmente en lo futurible de sus proyectos personales y colectivos presentes y concretos.

Así­, la Independencia nacional es un «Deber Ser», futurible y construible, individual y colectivamente, a partir de un hecho histórico cuyo referente ya no interesa tanto, como sí­ su significado presente. Además es lo que tenemos relacionado con la separación polí­tica de España.

Otro hecho que puede ser referente y que podrí­amos cargar de significado (que no serí­a la primera vez) es la separación del Imperio Mexicano. Somos el Estado latino independiente más cercano a México, y eso ya dice mucho.

Otro prejuicio, vigente desde la firma de los Acuerdos de Paz, es lo relacionado con los desfiles. Me parece una verdadera hipocresí­a y falta de conocimiento de lo que los desfiles y paradas militares significan y han significado en la vida de los pueblos, ver grupos de estudiantes andando y platicando o medio marchando, agitando banderitas o bailando mezclas de reguetón, merengue y perreo; es realmente grotesco. Me gustarí­a más ver a una juventud disciplinada (no militarizada) y no una juventud blandengue que celebra y conmemora la Independencia nacional con carácter, templanza y gallardí­a.