La historia es un círculo vicioso reiterativo. Esto a propósito del tema de Belice que lleva años sin definirse. Recién la Organización de Estados Americanos recomendó a Guatemala y Belice lleven su diferendo a la Corte Internacional de Justicia. Aparte de quitarse la brasa de de encima, lo refiere a otra instancia.
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Así, mediante un cómodo mecanismo envuelto en el protocolo, el tiempo y su marcha inexorable pasa y pasa. En tanto las cosas en ese impase, ni fu ni fa. Sin embargo, las expectativas y la psicología del rumor, dan cuenta a su manera del embrollo virtual persistente. Y la población conforme, medianamente crítica, o indiferente.
Desde niños oímos que Belice era de Guatemala. Algo muy sucinto aprendimos en primaria y secundaria sobre el vía crucis resultante de tanto tratado y despojo inglés. Al final de cuentas sobrevino la supresión de su territorio del mapa geográfico.
Más adelante, tipo reloj adelantado durante el gobierno de Serrano y su entonces canciller ílvaro Arzú se tomó la polémica decisión con Belice. El gobierno serranista reconoció unilateralmente como estado aquel girón de tierra que históricamente es de Guatemala.
Sucesivos regímenes se han dado a la tarea antipatriota de solamente andar en luna de miel con Belice en los entretelones oscuros. El diálogo nada productivo resulta por lo visto. Nuestros reclamos distan de encontrar eco y respaldo, puesto que la OEA, verdadera cacharpa da a Belice un puesto en las reuniones.
Ello también a resultas que hace muchos años Inglaterra o la Gran Bretaña, en un paso de argucia le otorgó la independencia. En concreto asumimos nada optimista cuando se acuda a la aludida Corte Internacional de Justicia, que vemos en los llanos de Ubeda falla dando un paso atrás, y devuelva a Guatemala el territorio en disputa.
Hay que reconocer la tendencia de diversos gobiernos de turno en dejar en la canasta la reivindicación urgente y necesaria. Actúan ni más ni menos conforme el señalamiento de: El que venga atrás que arree. Lamentable en todo sentido ni vuelta de hoja, empero es el círculo vicioso interminable.
A las pruebas nos remitimos, puesto que esto no pierde actualidad, el actuar fácilmente por ellos adoptado, creen que el pueblo va olvidarlo así nada más. El mencionado diferendo lo dejan como herencia al gobierno entrante y punto, que aquí no ha pasado nada.
Sujeto nuestro país al arbitraje, siempre le toca la peor parte. Jamás ni nunca gana, por el contrario en lo tocante a la línea divisoria pierde territorio. En tal sentido un hálito de misterio o malquerer de los hados míticos no restriega por la cara derrotas a granel.
Voy al grano, el nuevo gobierno debe poner un hasta aquí a esos afanes expansionistas que cuestan sudor y sangre, amén de lágrimas. Las fronteras con Belice, nadie ignora, salvo quienes de adrede lo hacen por intereses inconfesados, están en riesgo que continúen corriéndose.
Esa y muchas brasas candentes quedan en manos del gobierno del ingeniero Colom Caballeros. O sea, lo espera no un lecho de rosas, a partir del 14 de enero del 2,008. Tendrá que empezar con una enorme voluntad de trabajo que devuelva a Guatemala tantas cosas básicas que carece.