Venancia es una joven de cabello ensortijado, ojos grandes y tez morena clara. Cada día se levanta a las cinco de la mañana para ir a trabajar, y para ello no viaja menos de dos horas desde su casa. Aborda el primer bus y aunque va de pie, siempre está leyendo; en el segundo bus no puede leer porque apenas y puede aferrarse a cualquier pieza de acero para no caer mientras llega a su trabajo.
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Hilary tiene la misma edad que Venancia, los ojos pequeños, el pelo lacio; cada mañana sale de su casa después de las ocho y conduce durante veinte minutos hasta su «pequeña empresa». En su vehículo, viajan dos hombres mayores que ella que siempre están armados, son sus guardaespaldas, pero Hilary no recuerda sus nombres y apenas voltea a verlos.
Como sus rutinas «laborales», las condiciones de vida de Venancia e Hilary son muy distintas, al igual que sus concepciones sociales.
Por ejemplo, Hilary defiende a la propiedad privada a capa y espada (¿o a sangre y plomo?). Cree a pie juntillas en la «filosofía» de su Universidad que dice que «su clase social» existe con el único propósito de explotar «a los de abajo» y que para que ello sea una constante, es imperativo que la iniciativa privada controle al Estado; la privatización de las instituciones es el medio, según cree.
Venancia, por el contrario, cree que la recuperación del Estado de las garras de la oligarquía es urgente y necesaria para que sea el mismo Estado el que garantice los derechos colectivos y no los individuales.
Para Venancia los miembros de su comunidad (y los que no pertenecen a ella) son personas, no consumidores. Para Hilary el «valor agregado» humano depende de la marca de sus pantalones o chaquetas. Venancia cree que el trabajo de muchos jóvenes es arte. Hilary se refiere a él como «artesanías».
Hilary se pregunta por qué los compañeros de Venancia hacen marchas contra la minería, para exigir justicia por los crímenes de genocidio durante el conflicto armado, para celebrar el día del trabajo, para conmemorar la revolución; para pronunciarse en contra de la violencia contra las mujeres, para reivindicar los derechos de los pueblos indígenas.
Venancia no se explica por qué los amigos de Hilary perdieron la pasividad que los caracteriza y convocaron por Internet a una manifestación en la que exigirían «justicia y seguridad» para el país, sólo después del asesinato de Rodrigo Rosenberg, y luego de difundirse en los medios de información su video post mórtem.
Hilary predica que la democracia no basta para producir paz y prosperidad (léase ProReforma). Venancia cree en la democracia como concepto de participación y libertad y en esta última no como una opción de consumir, sino de vivir en paz.
Olvidé (a propósito) que Venancia nació en la montaña y que los amigos de Hilary le gritan en los restaurantes que es hija de la guerrilla.
Como una muestra de solidaridad a la compañera Marielos Monzón, quien no ha dejado de alzar la voz ante ninguna injusticia; ante los comentarios provocativos de Giovanni Fratti, los cuales evocan el lado más criminal de la ultraderecha guatemalteca, que esas sucias palabras llamen a la reflexión e integración de los jóvenes, especialmente los que no creemos que ser «Un joven más» sirva de algo y queremos una Guatemala con paz e igualdad, pero sin sangre ni plomo. El que quiera entender, que entienda. Gracias Marielos por tu voz.