El Presupuesto General de Gastos de la Nación para el año 2009 se ha convertido en punto de quiebre en las relaciones entre los empresarios organizados y el gobierno. Durante varios meses, altos funcionarios y la cúpula empresarial mantuvieron diálogo y negociaciones alrededor del tema del presupuesto y el tibio paquete fiscal propuesto por Finanzas y uno de los puntos de acuerdo fue eliminar para el año entrante las modificaciones al Impuesto Sobre la Renta y se acordó la creación del Impuesto de Solidaridad que sustituiría de manera permanente al IETAAP.
Al final de cuentas resultó que los empresarios rechazaron todo y en campo pagado propusieron que se quede el mismo presupuesto del año actual. Según han dicho, las condiciones variaron porque se disparó la crisis económica en Estados Unidos y eso les hizo abandonar los acuerdos que ya habían alcanzado con el gobierno. Para el gobierno se trata de un juego en el que quisieron ganar tiempo para descarrilar el tren a última hora, cuando suponían que ya no le dejarían margen de maniobra al presidente Colom para lograr respaldos en el Congreso.
La impresión que tenemos es que el gobierno ha logrado el número necesario de diputados para aprobar tanto el paquete fiscal como el presupuesto y por lo tanto el llamado de los empresarios quedará en el aire y eso significa que empieza una nueva etapa en la relación que será tirante y que puede llegar a convertirse en una repetición de la que se vivió durante el gobierno de Portillo.
El presidente se ha sentido traicionado porque en opinión de su equipo hubo una burla de los empresarios al querer ganar tiempo y al dar marcha atrás de los acuerdos que habían alcanzado en jornadas que a juicio del sector público habían sido muy positivas. Hay que decir que el gobierno no se tomó la molestia de buscar acuerdos y entendimientos con los grupos sindicales ni con otras fuerzas sociales del país, sino que limitó su esfuerzo a los empresarios y puso todo empeño en lograr con ellos un entendimiento que diera luz verde sin dificultades a un presupuesto a tono con los requerimientos del régimen.
El argumento de que las condiciones variaron a partir de septiembre cuando se produjeron descalabros en la bolsa norteamericana y quiebra de entidades bancarias es poco consistente porque la crisis no es algo nuevo y todos sabíamos que venía. De suerte que pareciera que hubo, realmente, una maniobra para ganar tiempo que de todos modos no funcionó como se esperaba porque el presupuesto y los impuestos serán aprobados en las próximas dos semanas, pero las heridas causadas tendrán larga secuela.