El pueblo aún no olvida la Revolución de Octubre de 1944


Nos encontramos a un paso de la celebración del 66 aniversario de las hermosas gestas libertarias, revolucionario-democráticas, del memorable año 1944…

Marco Tulio Trejo Paiz

Ha pasado más de medio siglo de aquel movimiento cí­vico-militar y, sin embargo, aún palpita de júbilo el corazón de un pueblo.

En el citado año cayeron dos dictaduras: primero la del general Jorge Ubico y poco tiempo después la de Federico Ponce Vaides, considerada ésta como un apéndice de la primera.

El magisterio nacional y el estudiantado de la Universidad de San Carlos de Guatemala desempeñaron un papel heroico y, si se quiere, decisivo en aquellas inolvidables jornadas de la dignidad, propiciatorias de un futuro mejor.

Lo culminante de las acciones populares ocurrió en la madrugada del 20 de octubre, pues en la Guardia de Honor se llegó a los hechos. Un estruendoso cañonazo fue el principio de una acción libertaria. Impactó en el Fuerte de San José, que se encontraba en la colina donde actualmente está el Teatro Nacional Miguel íngel Asturias.

Los pepitazos duraron sólo unas cuantas horas, pues a la entrada de la tarde del mismo dí­a habí­a caí­do Ponce Vaides y con él todo del oxidado aparato dictatorial. íšnicamente los que comenzaban a rumiar la derrota se dedicaban a los chisporroteos aislados. Ya se habí­an silenciado los cañones y las carcajadas de las ametralladoras…

Pronto surgió una Junta de Gobierno cí­vico-castrense, integrada por el entonces mayor Francisco Javier Arana, el ciudadano Jorge Toriello Garrido y Jacobo Arbenz Guzmán, quien a la sazón era capitán, si mal no recordamos.

Dicha Junta rápidamente principió a abrir las puertas de las libertades revolucionario-democráticas ante los atronadores aplausos de los guatemaltecos, ya sin las espesas y ensangrentadas murallas de los déspotas.

Civiles y militares cayeron en la pelea del civismo contra los dos regí­menes de gobierno, o sean los del ubiquismo y el poncismo.

Digna de mención es la participación que tuvo la heroí­na maestra Marí­a Chinchilla, quien cayó abatida en céntrico sector capitalino en una espolonada de la caballerí­a ubiquista; así­ también, la acción del Toro Laguardia, piloto de la Fuerza Aérea de Guatemala, quien perdió la vida en la lucha contra la dictadura, la que ya estaba dando los últimos estertores.

Serí­a prolijo mencionar los nombres de tantos valientes jóvenes estudiantes universitarios, educadores y demás compatriotas que se pusieron de pie al influjo de un esclarecido pensamiento. Se recuerda con admiración a Ricardo Asturias Valenzuela, a Mario Méndez Montenegro, a los hermanos Francisco, Tomás y Marco Antonio Villamar Contreras, a Celso Cerezo Dardón, entre tantos y tantos otros valores cí­vicos.

Poco tiempo después de concluidas las acciones a ultranza contra toda una era dictatorial y tiránica, se convocó a elecciones generales. Juan José Orozco Posadas, al grito de «Juan José Arévalo es el hombre ideal, para presidente… constitucional», propuso que se le llamara a la Argentina. Fue así­ como se dejó venir el doctor y fácilmente, con pleno respaldo del electorado, triunfó como candidato a la primera magistratura de la nación. Y… ¡vaya que fue mucho presidente para Guatemala!…

En los aciagos dí­as de la dictadura de los 108 dí­as -la poncista- fue torpedeado el doctor Arévalo por los dogos (poncistas), con el evidente propósito de enrarecerle la atmósfera. Se le hací­a aparecer como nazi-fascista con la cruz gamada en un brazalete…

Así­, pues, ¡qué bien que aún se recuerde con admiración, devoción y respeto a la Revolución de Octubre de 1944, la que, por cierto, no «avoluntó» a quienes querí­an sovietizar a Guatemala mediante una oclocracia, pues tildaban y a lo mejor siguen tildando al movimiento libertador de referencia como de tí­pica pasta de la burguesí­a, cuando en realidad era y se cree a estas alturas del tiempo que aún es de inconfundible esencia democrática que dejó buena obra perdurable.

Muchas cuartillas podrí­amos emborronar para tratar ampliamente los trascendentales acontecimientos del 44 que abrieron de par en par las puertas a la sociedad guatemalteca apuntando al campo fértil, promisorio, de la democracia; mas, a contrapelo del deseo, nos quedamos aquí­, muy cortos…