El PSOE deberá buscar alianzas


Simpatizantes del partido socialista y de José Luis Rodrí­guez Zapatero celebran el triunfo que permitirá a éste estar cuatro años más en la presidencia de España.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de José Luis Rodrí­guez Zapatero deberá buscar alianzas con otros partidos para gobernar en un Congreso en el que socialistas y Partido Popular (PP) aumentaron escaños y dejaron menos espacio a las pequeñas formaciones.


El PSOE, con los 169 escaños conseguidos el domingo en las elecciones generales (43,6% de los votos), dispondrá de una mayorí­a relativa, al no haber conseguido los 176 necesarios para la mayorí­a absoluta, lo que le obligará a buscar apoyos aunque no pactos de gobierno.

La formación nacionalista catalana Convergencia i Unió (CiU, moderada), tercer partido del Congreso de los Diputados con 11 escaños, uno más que en la pasada legislatura, se perfila como el probable aliado de Zapatero por contar con un número de apoyos suficiente.

«En principio el pacto lógico serí­a con CiU», pero Zapatero «va a intentar buscar pactos en distintos niveles» y tiene una situación «difí­cil», explicó Edurne Uriarte, catedrática de Ciencia Polí­tica de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Pero el sociólogo Fermí­n Bouza expresó sus «serias dudas que este pacto sea posible en condiciones razonables para el PSOE», ya que Zapatero quedarí­a aún más atado a posiciones nacionalistas.

Una «gran coalición» al estilo alemán está descartada y la coalición Izquierda Unida (IU, pro-comunista), posible socio, sufrió un importante descalabro, al pasar de cinco a dos escaños y no poder formar grupo parlamentario propio y tener que integrarse en el mixto.

El también nacionalista moderado Partido Nacionalista Vasco (PNV), que perdió una banca, serí­a un socio incómodo: el gobierno del Paí­s Vasco, dominado por el PNV desde 1980, quiere celebrar un referéndum en octubre para que los vascos decidan su futuro polí­tico.

Esta consulta está prohibida por la Constitución española y el gobierno de Zapatero ya se mostró radicalmente en contra.

Otros pequeños partidos como Bloque Nacionalista Galego (BNG) o Coalición Canaria (CC), con menos de cinco escaños, no darí­an al PSOE el peso necesario para tomar decisiones.

Con 169 escaños el PSOE y 153 el PP, de un total de 350, ambos mejoraron sus resultados del 2004: los socialistas ganaron cinco escaños y el PP, seis. La diferencia sigue siendo la misma entre ambos, 16 bancadas, pero el espacio dejado a las otras formaciones es cada vez menor.

Los principales partidos españoles obtuvieron más votos que nunca frente a dos grandes caí­das, la de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que pasó de ocho a tres escaños y la de IU, que denunció ayer mismo el «tsunami bipartidista» y «un sistema electoral injusto» que favorece a las grandes formaciones.

Las campañas electorales, muy centradas en la persona de sus lí­deres, y los dos debates televisados entre ambos, algo inédito en España desde hací­a 15 años, pudieron haber influido en la subida de ambos partidos.

Y esto en unos comicios en los que se temí­a que bajara la participación frente al récord obtenido en 2004 (75%), que se atribuí­a a los atentados islamistas del 11-M (191 muertos), cuya autorí­a atribuyó a ETA el gobierno conservador, y a la fuerte movlización ciudadana contra el enví­o de tropas a Irak

El temor a que los indecisos y la abstención penalizaran al PSOE, frente a la tradicional movilización del electorado conservador pudo provocar la alta participación, que finalmente igualó a la de 2004.

El diario conservador El Mundo también apunta que el asesinato el viernes de un ex concejal socialista en el Paí­s Vasco a manos presumiblemente de ETA «ha contribuido a esa movilización», después de que todos los partidos llamaran a votar y a no dejarse atemorizar por la organización independentista armada vasca.

«España en la práctica ya tení­a una situación bipartidista», aunque ahora «el PSOE se ha hecho con prácticamente todos los votos de la izquierda y parte de los votos de los nacionalistas», mientras que «el PP se queda con todo el voto de la derecha y una parte del voto de centro», estimó Uriarte.

Cataluña, clave


Un consolidado voto socialista en Cataluña (noreste) volvió a facilitarle la victoria al jefe de gobierno José Luis Rodrí­guez Zapatero, mientras los nacionalistas moderados se mantuvieron y convirtieron de nuevo en un factor clave para la gobernabilidad de España.

El «subidón» de los socialistas catalanes, el derrumbe de los independentistas y la mejora de los nacionalistas moderados crean un panorama que favorece la gobernabilidad pero, paradojicamente, podrí­a poner en dificultades al gobierno autónomo de la Generalitat, opinaban analistas.

El Partido de los Socialistas Catalanes (PSC) obtuvo el 45,33% de los sufragios, lo cual le asegura 25 escaños (de un total de 47), cuatro más que en la legislatura saliente y 18 más que el Partido Popular (PP, derecha); el PP, sion embargo, con 16,39% de los votos, consigue un escaño más (siete) que en la anterior legislatura.

España, «sin Catalunya, tendrí­a un Gobierno del PP durante los próximos cuatro años», resumió el lunes el diario El Periódico. porque con sus 25 parlamentarios, los socialistas catalanes se convierten en el principal pilar de la segunda victoria electoral de Zapatero.

«Sin Catalunya, Zapatero habrí­a perdido las elecciones», titula La Vanguardia, el otro diario barcelonés para el cual los nacionalistas catalanes ascienden «de nuevo al centro decisorio».

La polarización del electorado entre los dos grandes partidos nacionales derrumbó a los independentistas de Ezquerra Republicana de Cataluña (ERC), que con el 7,66% de los votos cayeron de ocho a tres diputados, pero no a los nacionalistas y democristianos moderados de la coalición Convergencia i Unió (CiU), que obtuvieron un 20,99% de los votos y 11 escaños (uno más que en 2004).

Si bien se alegró por haber «resistido a la bipolarización», según su secretario general, Artur Mas, CiU lamentó que «las formaciones de obediencia estricta catalana sumen ahora menos», aunque -en el caso de CiU- vuelven a tener opción de participar en posibles pactos con el nuevo Gobierno de Rodrí­guez Zapatero.

Nacionalistas e independentistas suman algo menos de un millón de votantes, casi 500.000 menos que hace cuatro años, y el revés mayúsculo de ERC también preocupa a los socialistas que gobiernan la próspera región de Cataluña con el apoyo de ese partico y el de los ecosocialistas de ICV-Els Verds que, con el 4,93%, consiguieron conservar uno solo de sus dos escaños.

Sin embargo, el presidente de la Generalitat y secretario del PSC, José Montilla, destacó que los socialistas en Cataluña son «más decisivos que nunca», llevados a las urnas por la carismática ministra de la Vivienda, la joven Carme Chacón, con la cual logran 25 escaños de los 47 en juego por esta región e «igualan su récord de 1982», recordó en portada La Vanguardia.

Vascos, socialistas


La abstención del electorado del Paí­s Vasco en las elecciones españolas de ayer fue elevada, siguiendo la consigna de los partidos independentistas que no pudieron presentarse y de ETA, pero también subió el voto socialista, tras el asesinato de un ex concejal de ese partido.

La abstención alcanzó el 35% en la región, diez puntos más que en el resto de España (24,7%), diez puntos más también que en los comicios de 2004, cuando los independentistas, que también estaban prohibidos, habí­an pedido la abstención a su electorado.

En el Paí­s Vasco, las elecciones legislativas arrojaron una victoria «histórica» para el Partido Socialista, que con el 38% de los votos se impuso por primera vez en las tres provincias vascas, dominadas tradicionalmente por el Partido Nacionalista Vasco (PNV, moderado, opuesto a la violencia), en el poder desde 1980.

Este revés es una advertencia para el PNV del presidente del gobierno regional, el lehendakari Juan José Ibarretxe, que desafió a Madrid amenazando con organizar un referéndum sobre el derecho a la autodeterminación, una reivindicación histórica de los independentistas radicales.

La organización independentista armada vasca ETA y su entorno habí­an llamado a boicotear estas elecciones, para protestar contra la «opresión» del Estado español.

Además de Batasuna, ilegalizada desde 2003 por ser brazo polí­tico de ETA, la justicia española prohibió semanas atrás que otras dos formaciones se presentaran a las elecciones: el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) y Acción Nacionalista Vasca (ANV).

Los independentistas no tardaron en atribuirse la fuerte tasa de abstención. El domingo por la noche, en la plaza de Hernani, la alcaldesa de ese bastión separatista, Marian Beitialarrangoitia, estimaba que era «la mejor muestra del caracter no normalizado de estas elecciones».

«Se trata de las elecciones más antidemocráticas de los últimos tiempos», sostuvo la regidora de ANV, detrás de un atril que mostraba un afiche con la inscripción «Abstentzioa», que en euskera, lengua vasca, significa abstención.

La televisión local, ETB, efectuó conexiones en directo con Hernani durante toda la velada electoral como si fuera la sede de la campaña de uno de los partidos en liza.

En Mondragón, la hija mayor de Isaí­as Carrasco, el ex concejal socialista asesinado el viernes presumiblemente por un pistolero de ETA, habí­a lanzado el sábado un emotivo llamado a votar. Pero allí­ la abstención alcanzó al 40,5%, contra 27% en 2004.

El Partido Socialista obtuvo en Mondragón una amplia victoria, con 40% de los votos, un porcentaje similar al del resto del Paí­s Vasco.

«Es el mejor resultado de nuestra historia en una elecciones generales»», se congratuló el domingo el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López.

En cambio, para el PNV, este comienzo de semana es más duro.

El domingo perdió uno de sus siete diputados, así­ 118.000 votos respecto de las anterior elecciones; en interpretaciones de la prensa vasca de este lunes, esos datos suenan a advertencia a la nueva lí­nea polí­tica, más radical, del PNV.

Es decir, la que se impuso desde que el moderado Josu Jon Imaz se retiró de la presidencia del partido por diferencias con Ibarretxe.

«El nacionalismo en el poder ha empezado a pagar sus errores», afirmaba el diario vasco El Correo, al entender que «el empecinamiento en no poner un claro cortafuegos entre ellos y el mundo violento y terrorista terminará por hundirles».

El PNV deberá elegir, según El Diario Vasco.

«Optar entre una más franca radicalización» para cazar votos en los medios independentistas o «una polí­tica de mayor sensatez y sintoní­a con su electorado», tradicionalmente de centroderecha.