El próximo mandatario tendrá que enderezar la situación económica


El candidato que resulte electo presidente en los comicios del viernes en Irán tendrá que enfrentar el desafí­o de volver a poner sobre rieles una economí­a golpeada por la caí­da del precio del petróleo y por una inflación superior al 25% anual.


El primer mandato del presidente Mahmud Ahmadinejad, que se inició en 2005 y es candidato a su propia sucesión, no estuvo sólo marcado por sus discursos antioccidentales y antiisraelí­es, sino también por una degradación del í­ndice de desempleo, que alcanzó el 12,5% a principios de 2009, frente al 10,5% cuatro años antes.

Los adversarios del presidente le acusan de haber dilapidado los ingresos del cuarto exportador de crudo mundial, al inyectar masivamente los recursos en el consumo interior.

«El gobierno ha acumulado entre 60.000 y 65.000 millones de dólares anuales, pero (Ahmadinejad) no hace más que lanzar eslóganes», dijo a la AFP el economista Musa Ghaninejad.

Los demás candidatos han prometido una nueva polí­tica, con mayor protagonismo del sector privado. Actualmente, el 80% de la economí­a está bajo control del Estado.

Para Ghadinejad, la caí­da de los ingresos petroleros, que contribuyen en más del 50% al presupuesto del Estado, será el principal hándicap del futuro presidente.

Durante los cuatro últimos años, las exportaciones iraní­es de petróleo y gas alcanzaron los 272.000 millones de dólares, frente a 172.500 millones en los ocho años de presidencia del reformador Mohamad Jatami (1997-2005).

Pero estos ingresos, en auge gracias al alza vertiginosa de los precios del crudo en los mercados mundiales, coincidió con una fuerte inflación en los productos de primera necesidad. Como resultado, uno de cada cinco iraní­es vive por debajo del nivel de pobreza.

Para el economista Said Leylaz, los principales problemas serán «el estancamiento económico y el déficit presupuestario».

«Durante los últimos cuatro años, el crecimiento de las inversiones fue más débil que el crecimiento económico, lo cual es peligroso», dijo a la AFP.

La estabilidad y «la economí­a liberal que potencia al sector privado» son los únicos medios para apoyar el crecimiento, añadió.

Un proyecto que será en cualquier caso difí­cil de materializar, teniendo en cuenta que Irán se ha visto aislado de la comunidad internacional y privado de inversiones occidentales en el sector de los hirocarburos a causa de su controvertido programa nuclear.

Desde hace cuatro años, las grandes empresas occidentales han congelado sus proyectos energéticos en el paí­s.

Leylaz estima que «los eslóganes de justicia económica» de Ahmadinejad son justos pero que las medidas puestas en marcha para conseguirla son propias de un «aficionado».

Los enormes préstamos a bajo interés distribuidos en todo el paí­s han agotado los recursos bancarios, sin una utilización correcta.

La caí­da de las tasas de interés bancarias también tuvo efectos nefastos, sobre todo cuando eran inferiores a la inflación.

«Hubo casos de personas que obtuvieron préstamos al 10% y los vendieron luego a otras personas a una tasa superior al 25%. En la historia bancaria, jamás se ha visto tal corrupción», dijo Leylaz.

Ahmadinejad defiende su programa económico alegando que la economí­a iraní­ es «estable» y que la inflación se debe al alza de los precios mundiales.

El único programa bien recibido por los economistas fue el que atribuí­a préstamos a bajo interés para la construcción de viviendas, según Ghaninejad.