«El Propósito de la Vida»


Las dificultades y presiones que conlleva la vida, sobre todo en un paí­s tan espinoso como Guatemala, inducen a veces a que pensemos y tratemos de buscar el sentido de ésta misma.

Guillermo Wilhelm

La naturaleza humana se manifiesta de manera diversa por las distintas maneras de enfocar la existencia, algunos viven la vida de manera sedentaria y una buena parte buscamos un propósito mientras se desarrolla o avanza esta misma.

Somos una buena parte los que tratamos de avanzar en el afán de lograr algún ideal, y estos pueden ser de lo más variado, hay quienes buscan el desarrollo económico, otros el intelectual, espiritual, emocional etc, que incluso, este afán por superarse puede estar integrado por varios de estos factores que casi todos consideramos indispensables para sentir alguna realización o satisfacción dentro de este laberinto llamado vida.

Algunas veces recuerdo mi infancia, entre esas calles calientes y soleadas de Mazatenango, o mi adolescencia en aquellas avenidas frí­as y estrechas de mi Xelajú, y quisiera trasladarme a aquella época. Acaso esa nostalgia se debe a que en ese tiempo no existí­a al menos para mí­, ninguna presión o responsabilidad mas que la de cumplir como estudiante, o porque en esta última villa atesoré parte de mis mejores recuerdos. Como aquella dulce jovencita judí­a que tanto quise y tanto me amó y que hoy en dí­a es la novia que mejor recuerdo aparte del noviazgo con mi esposa. Quizá esa huella que dejó fue por esa alma tan limpia y ese corazón tan puro que siempre manifestó y que hoy no puedo mencionar su nombre porque el mejor tributo que puedo hacerle es el respeto. Siempre fue una dama pero hoy es una mujer casada y madre de unas bellas señoritas.

En el momento en que escribo estas lí­neas, como tantas veces, estoy solo en mi oficina. Aunque no es frecuente en mí­, a veces veo hacia atrás y me satisface ver que de alguna manera he ido cumpliendo como varón en este mundo, quizá se deba por la adicción que mantengo hacia mis hijos y al trabajo, es que pienso que he logrado algunos resultados. Pero cuál es la razón por la que después de haber alcanzado alguna meta, me invade de nuevo la insatisfacción y me refugio en nuevos cometidos. Y es ahí­ donde empiezo a descubrir lo que más disfruto de la vida. Y lo descubro al responderle a uno de mis hijos cuando me pide que ya descanse y me relaje porque en determinado momento según él, logré lo que deseaba. Comprendo tu buena intención, le expreso y le agradezco su interés, pero le explico que llevar un ritmo de vida calmado me horroriza. Reconozco que a nadie le gusta transitar por ese camino tan lleno de baches que involucra la vida, pero quizá lo peor que podrí­a pasarnos serí­a ver cumplido todos nuestros objetivos o que finalizaran todas esas experiencias penosas.

La vida no consiste en tener todo lo que se desea, sino en luchar por conseguirlo. Cada tarea necesaria requiere de un esfuerzo de la voluntad y con cada acto, algo de nosotros crece y se fortalece. Hoy en dí­a, ya rebasada la década de los cuarenta he logrado descubrir que mis mejores momentos y los más felices de mi vida no quedaron en mis años mozos, tampoco cuando me he encontrado con las deudas saldadas o en el lapso en que las experiencias difí­ciles han quedado atrás. En este asunto de luchar por lograr lo que deseamos, lo importante no son los grandes momentos, sino las victorias parciales, los estancamientos….e incluso las derrotas. Si alguna vez fuéramos tan desafortunados de tenerlo todo, nos convertirí­amos entonces en espectadores y no participantes de la vida. Ahora creo fervientemente que lo que realmente cuenta es el viaje, no el arribo. Por eso, más de una vez he tenido que pedirles a mis hijos que ya no me pidan que descanse y solo me aconsejen despertar y entrar en actividad, porque estaré disponiendo de un dí­a menos para hacer lo que debo hacer, y juro que tengo mil cosas pendientes.