EL PROCESO DE DUELO


Estamos en época navideña y muchos de nosotros la esperamos con alegrí­a. Se escucha por doquier música de la época y las calles se encuentran lindamente adornadas. Pensamos en regalos, fiestas y convivios y en unirnos con nuestros seres queridos y expresar nuestro amor a los demás.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Queremos comprar regalos o hacerlos, deseamos cocinar y disfrutar de deliciosas golosinas, bebidas y manjares, sin embargo no para todos es alegrí­a, pensemos por unos minutos en tantas personas que se encuentran sufriendo en estos momentos por haber perdido a un ser querido (una hija, un hijo, un padre, una madre, un familiar o amigo entrañable), personas que se encuentran enfermas o que han sufrido separaciones o cambios drásticos en sus vidas, es a ellos a quienes quiero dedicar esta columna y a la vez deseo invitarlos a que expresen por este medio su pesar, sus emociones, sus esperanzas, sus necesidades, sus alternativas, con el fin de encontrar consuelo y dar esperanza a los demás. Así­ que hoy estoy realizando una invitación a que escriban a mi correo todos aquellos lectores interesados en compartir sus vivencias de manera que podamos conjuntamente solidarizarnos, expresarnos y también hacernos oí­r. En las próximas columnas se intentará integrar los valiosos y valientes mensajes transmitidos por ustedes.

Ahora unas palabras respecto al significado del duelo:

«La vida no es bien ni mal, es una ocasión para el bien o para el mal. Con la muerte no se pierde otra cosa sino la ocasión de juego, y con lo poco de mala fortuna que ello representa?Quien ha muerto no ha hecho más que precedernos.» Séneca.

Admitir la muerte de uno mismo o de un ser querido es de alguna manera aceptar la vida. El temor a morir ha sido descrito, más bien como el temor a vivir. Las personas que han vivido en plenitud nunca tienen miedo a morir. La muerte es parte del ciclo de la vida.

El pesar que nos agobia ante una pérdida significativa es inevitable e ineludible. Cada vez que tratamos de posponer nuestro dolor lo prolongamos y de esta manera también nos negamos a vivir.

El proceso de duelo implica distintas etapas que no necesariamente se dan de manera puntual. Estas han sido descritas de la siguiente manera:

Fase Inicial (negación): Caracterizada por aturdimiento, llanto, sensación de nudo en la garganta, incredulidad, desconfianza, negación, suspiros, sentido de irrealidad, vací­o en el estómago e incapacidad para aceptar la pérdida. Los sentidos embotados, el intelecto paralizado o inhibido.

Enojo: Ira, insomnio, tristeza, agotamiento, debilidad, anorexia, falta de interés por las cosas, aislamiento, pensamientos sobre la persona fallecida, culpabilidad, dificultad para concentrarse, intensa preocupación por la imagen del muerto, rabia contra los demás y a veces contra uno mismo, contra quien murió o contra Dios.

Negociación: Existe un compromiso con la verdad. Ya no se continúa negando el suceso doloroso de haber tenido una gran pérdida.

Depresión: tristeza, desesperación, desánimo.

Aceptación: Reconciliación con la verdad y con la vida.

Presento algunas sugerencias que nos pueden ayudar a sobrellevar nuestros procesos de duelo:

1. Hablar con frecuencia de nuestro ser querido, lo que le gustaba y lo que no le gustaba, su forma especial de ser y de comunicarse.

2. Exteriorizar nuestros sentimientos, vivir nuestra tristeza, llorar hasta el cansancio.

3. Tomarse el tiempo necesario para reflexionar ante nuestra pérdida.

4. Aceptar y solicitar si lo necesitamos el apoyo y solidaridad de nuestras personas cercanas; nuestra familia y amigos.

5. Los recuerdos han de preservarse, ver fotos, compartir anécdotas familiares, no apresurarse a deshacerse de objetos personales.

6. Buscar ayuda profesional si nos resulta muy difí­cil manejar por cuenta propia esta situación. (psiquiatras, psicólogos, consejeros).

7. Buscar ayuda espiritual según nuestro propio sistema de creencias.

En verdad espero que esta propuesta que les planteo tenga eco en quienes leen esta columna, la invitación especí­fica es a que me escriban y compartan sus vivencias respecto a sus propios procesos de duelo, para que juntos elaboremos algunas de las próximas columnas y podamos sentirnos con un espí­ritu solidario ante nuestro dolor como humanos.