El problema no sólo está en las personas, sino también en el sistema


El ingeniero. Manuel Ayau, propietario de la Universidad Francisco Marroquí­n y conocidí­simo por sus ideas neoliberales, fue entrevistado por los periodistas Juan Luis Font y Claudia Méndez, el domingo 19 del presente mes. La entrevista fue presentada bajo el titular: «El problema no está en las personas, sino en el sistema, Manuel Ayau».

Alfonso Bauer

En este artí­culo comentaré varias de las opiniones del ingeniero Ayau, con quien pensamos de manera muy distinta y, por ello, comienzo por complementar su aserción en el sentido de que el problema de Guatemala no es sólo el sistema, sino también de las personas.

Digo esto, porque han sido personas como él, quienes han establecido el sistema actual, gente defensora a ultranza del derecho de propiedad privada y disfrute máximo de ese privilegio por parte de un pequeño clan de acaparadores de la riqueza nacional, en contubernio, con los intereses foráneos, en tiempos de la Colonia hispánica, con los de los peninsulares gobernantes, de la Corona española, del Pontí­fice romano; después con la ruptura unionista centroamericana, patrocinada por Rafael Carrera que favoreció el fortalecimiento del imperialismo inglés, y ya a finales del Siglo XIX, abriéndoles las puertas del paí­s al imperialismo kaiseriano y al emergente de los Estados Unidos de América hasta la fecha, sin olvidar los devaneos de Jorge Ubico para con el fascismo internacional: o sea con el nazismo hitleriano, el fascismo italiano y el falangismo español. Y muy poco les ha preocupado la solución de los problemas nacionales.

A la pregunta ¿Qué espera del resultado de este proceso electoral? Respondió, en parte, lo siguiente:

a) Nada, porque «los candidatos juegan con las reglas existentes y esas reglas involucran al Gobierno en todo». Está mintiendo, porque las «reglas» vigentes, establecidas en la Constitución Polí­tica de la República, en algunos de sus artí­culos, debilitan no sólo al gobierno, sino al mismo Estado, tales como el 39 que garantiza la propiedad privada, como un derecho inherente a la persona humana, el artí­culo 118, que en su último párrafo preceptúa «cuando fuere necesario, el Estado actuará complementando la iniciativa y la actividad privada», o sea que lejos de cómo dice el Ing. Ayau «las reglas involucran al Gobierno en todo», la administración pública es apenas un factor secundario al servicio de los empresarios privados. Y, más aún desde la vigencia del DR-CAFTA, que no es de libre comercio, sino de comercio inequitativo y particularmente de garantí­a al predominio también jurí­dico de la red de empresas transnacionales estadounidenses y de sus inversiones en el paí­s.

b) Que es hora de cambiar el sistema. Con lo cual sí­ estoy de acuerdo, pero no para volver al sistema egoí­sta y avaro del Siglo XVIII, fisiócrata, como lo quiere Ayau, sino un sistema como el que propicia el Foro Social Mundial y la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en el que se articulen iniciativas sociales y alternativas al orden neoliberal, bajo el común convencimiento de que «Otro Mundo es Posible», un mundo en el que ni el capital ni el imperialismo lo domine, sino uno en el que los seres humanos construyan una sociedad planetaria de relación solidaria y en la que la humanidad no destruya la naturaleza, sino la preserve para el bien común.

c) Que el único sistema que funciona es el que está basado en el respeto al derecho individual. Como si él no supiera que en las sociedades de los paí­ses no desarrollados, el único derecho individual que se respeta, en forma privilegiada, es el de gentes como él mismo, los integrantes del poder económico.

d) Que el sistema que propone debe estar basado en la economí­a de mercado, porque sólo en ésta se respetan los derechos individuales. Porque en el mercado, todo es voluntario, pací­fico, es falso que así­ sea, por ejemplo: ¿Cómo puede el campesino sin tierra acceder al mercado de tierras?, si ese mercado no existe, porque el 2% de propietarios acaparan casi el 70% de la superficie cultivable y, aún existiendo, ¿acaso tiene facilidades crediticias para comprar una fracción de terreno?

Además, siendo lo que Ayau llama «mercado libre», en la realidad todo lo contrario: un ambiente comercial controlado por grupos oligopólicos, la necesaria presencia de consumidores y proveedores muy poco tiene de voluntaria y también de pací­fica, si por paz entendemos tranquilidad, sosiego, relaciones cordiales, pues el desposeí­do va al mercado forzado por las circunstancias y a someterse a las condiciones de quienes lo dominan.

A la pregunta ¿Qué tiene que cambiar en nuestra Constitución para respetar esos derechos? (los individuales), respondió: «Mientras prive el interés general, el juez dirá que esto es más importante que el derecho de este individuo». Esta respuesta retrata de cuerpo entero, pero también, sin alma ni conciencia, al Ing. Ayau. Por encima de las normas del derecho de la clase dominante, están las normas de la ética y conforme a ésta, «el interés social debe prevalecer sobre el interés particular», pero Ayau es tan contradictorio que a su Universidad la bautizó con el nombre del Obispo Francisco Marroquí­n, no obstante que el bienestar de la familia Ayau proviene del reparto que Justo Rufino Barrios hizo de los bienes que confiscó a la Iglesia Católica, pero hay más, el Obispo Marroquí­n pensó y actuó en bien de Guatemala en forma completamente distinta al de Ayau, pues, además de su labor pastoral, se impuso a la dominación esclavizante del Reino de España y practicó el principio de que el interés social, prevalece sobre el particular, al haber asumido decididamente la defensa de los indios, como se les decí­a en aquel entonces. Se ufana de su catolicismo, pero proscribe el mandamiento bí­blico: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» y el nuevo de Jesucristo, «Amaos los unos con los otros». (Continuará)