Nunca pensamos que el gobierno hubiera acertado al elegir a Salvador Gándara para dirigir el Ministerio de Gobernación y hacerse cargo de la seguridad ciudadana. Sin embargo, hay que reconocer que al final de cuentas el problema no es la persona que dirija esa instancia, sino la ausencia absoluta de un plan coherente que sirva para darle a la ciudadanía la percepción de que hay mejoras sensibles en materia de seguridad.
Imposible que en el período de un gobierno se pueda componer lo que anda mal en la institucionalidad del esquema de seguridad ciudadana, puesto que el descalabro es absoluto, pero indudablemente que para el gobierno actual la cuestión no llega a ser la máxima prioridad y es obvio que el Presidente tiene más interés en los programas sociales y en atender la insaciable voracidad de sus financistas que en ocuparse en serio de trabajar para que los ciudadanos guatemaltecos puedan librarse del flagelo de la violencia.
Este gobierno tendría que haber sentado las bases de la transformación del sistema mediante continuidad en la depuración de las fuerzas del orden y concentrando esfuerzos en demostrarle a la ciudadanía que su seguridad es tema prioritario para el Presidente. No se puede esperar que de la noche a la mañana se resuelvan todos los crímenes que se cometen en el país, pero si uno notara que la fuerza pública realmente está atrás de los criminales y los va cercando, la percepción sería de mayor tranquilidad.
El problema actual es que el ciudadano no tiene a quién recurrir y si es víctima de alguna acción delictiva, tiene que resignarse ante el infortunio porque ni la Policía ni el Ministerio Público harán nada para ayudarlo.
La sucesión de funcionarios en el Ministerio de Gobernación indica claramente la ausencia de una política clara sobre qué hacer con el tema de la seguridad. A Gómez muy probablemente lo mataron, a Jiménez lo marginaron y Gándara simplemente fracasó. Quien venga deberá partir de cero cuando el gobierno se ha consumido ya bastante más de un tercio de su período, lo que evidencia el patético futuro, porque ni siquiera la mano que echaron con el plan de seguridad y la hoja de ruta ofrece algo esperanzador.
Al final de cuentas la seguridad fue tema fundamental en las elecciones pasadas y generó un mandato incuestionable que el gobierno actual no ha cumplido ni por asomo. El problema no han sido Gómez, Jiménez o Gándara, sino la falta de una visión clara en el gobierno de ílvaro Colom sobre cómo enfrentar el problema.