El principal responsable de la corrupción


En arca abierta hasta el justo peca. Esta es una de las frases que define de buena manera la razón principal de la corrupción, y es que desde el momento en que la discrecionalidad se utiliza como herramienta de funcionamiento de la gestión pública, muy pocos han sido aquellos que no han caí­do en la tentación de llevarse a sus bolsillos algo que no les pertenece. Por eso es que hay una frase que define al género humano como uno de los especí­menes más variados de la naturaleza, pues menciona que hay desde rateritos robanueces hasta «grandes» ladrones de cuello blanco. Indudablemente que el autor de dicho pensamiento es alguien que ha perdido totalmente la fe en el individuo con moralidad. Un concepto muy triste, quizá porque en los tiempos actuales encontrar a alguien verdaderamente honesto se ha convertido en un auténtico hallazgo.

Guillermo Wilhelm

Sin embargo, a consecuencia del enorme daño que ocasiona la corrupción, este tema se ha convertido en una preocupación a nivel mundial, pues es algo que no concierne exclusivamente a nuestra cultura, por eso es que los organismos internacionales no se han quedado al margen de esta discusión y consecuentemente han creado mecanismos para su combate. Un ejemplo de esto lo constituye la Convención Interamericana Contra la Corrupción, un tratado internacional que se dio en el seno de la OEA de la cual Guatemala también es signataria. Aunque la realidad es que este tipo de esfuerzos de poco o nada han servido para erradicar el flagelo que más daño ha ocasionado a las sociedades, se han ideado nuevos mecanismos de control y procedimientos para la compra y contrataciones del Estado, pero en la práctica los «largos» siempre han encontrado la forma de brincarse las trancas. Si nos tomáramos la molestia de analizar concienzudamente este problema, caerí­amos inevitablemente en la conclusión que el responsable principal es la misma sociedad. Un pueblo indiferente y apático por supuesto que es el principal responsable, pues en la medida en que no se interese y participe en conocer los manejos públicos, la corrupción continuará campante y lo demás serán puras babosadas.

Tan tradicional como conveniente ha sido para el funcionario ladrón practicar la función pública a espaldas de la ciudadaní­a, por eso es que la auditorí­a social, más que la del mismo Estado, resulta ser el mecanismo de control más certero y efectivo.

Pero una auténtica auditorí­a social nos involucra a todos, por eso es que hace algún tiempo concebí­ y propuse para Guatemala, un Consejo Nacional Contra la Corrupción. Una institución debidamente estructurada y organizada de carácter mixta financiada por el Estado, aunque con plena autonomí­a e integrada por los actores más probos e incidentes de nuestra ciudadaní­a. Sólo para citar algunos ejemplos mencionaré a los colegios profesionales, iglesias y periodistas; constituida de la misma forma en Consejos Departamentales y Municipales, donde dentro del estricto marco de la ley se le brinde también protagonismo y el espacio necesario a todos los ciudadanos. Cualquier esfuerzo por combatir la corrupción es respetable, pero no serán las acciones ciudadanas aisladas las que nos darán los mejores resultados. Es importante comprender que el problema de la corrupción nos afecta a todos, y en la medida que mantengamos la apatí­a e indiferencia y no nos organicemos y participemos en erradicar este flagelo, seremos los principales responsables.