El primer juicio por crí­menes de guerra


El comandante congolés Thomas Lubanga (C) cuando llegaba a  la  Corte Internacional de Asuntos Criminales.   AFP Michael Kooren

Hoy se abrió el primer juicio de la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya contra el ex jefe congoleño de milicia Thomas Lubanga, acusado de crí­menes de guerra por utilizar niños soldados en la República Democrática del Congo (RDC).


Se juzga a Thomas Lubanga, de 48 años, casi siete años después de la creación de la CPI, el primer tribunal internacional permanente encargado de juzgar a los autores de crí­menes de guerra, por crí­menes contra la humanidad y genocidios.

«La milicia de Lubanga reclutó, formó y utilizó centenares de niños y jóvenes para que mataran, saquearan y violaran», declaró en la apertura de la audiencia el fiscal de la CPI, el argentino Luis Moreno-Ocampo.

«Los niños siguen padeciendo las consecuencias de los crí­menes de Lubanga. No pueden olvidar lo que vivieron, ni lo que vieron. Tení­an 9, 11, 13 años», afirmó.

«No pueden olvidar los golpes que recibieron, el terror que sintieron. No pueden olvidar que violaron y fueron violados», continuó el fiscal, según el cual «ahora algunos de ellos toman drogas para sobrevivir y otros se prostituyen».

Thomas Lubanga, trasladado a La Haya en marzo de 2006, está acusado de haber enrolado y reclutado niños de menos de 15 años y de hacerlos combatir en el brazo armado de su milicia, la Unión de Patriotas Congoleños (UPC), en la guerra civil en Ituri (este de la RDC), entre septiembre de 2002 y agosto de 2003.

Su abogada Catherine Mabille, de la oficina de Parí­s, anunció esta mañana que se declararí­a no culpable.

«La milicia de Lubanga era un ejército de niños», insistió el fiscal.

Cerca del 30% de las Fuerzas Patrióticas por la Liberación del Congo (FPLC) eran «kadogo», una palabra en suahili que significa «niños», utilizada por las FPLC para designar a los niños soldado, según él.

El magistrado ha presentado varios ví­deos que muestran al acusado rodeado de niños en uniforme y armados con fusiles.

Mencionó a un testigo arrepentido de haber dado palizas de muerte a niños de su edad que intentaban escaparse de los campos de entrenamiento.

Las niñas eran las que más padecí­an. «Además de llevar un arma, hací­an la comida y, de vez en cuando, el comandante las violaba. Si oponí­an resistencia las mataba», afirmó Moreno-Ocampo.

Estos «crí­menes de masas» han dejado «centenares de miles de ví­ctimas» y han «afectado a toda una generación», aseguró el fiscal, y anunció que iba a pedir el «máximo castigo» de 30 años.

Según las organizaciones humanitarias, los enfrentamientos en Ituri entre milicias apoyadas por las etnias Hema (cercanas a la UPC) y Lendu, por el control en especial de las minas de oro, han causado unos 60.000 muertos y centenares de miles de desplazados desde 1999.

«Thomas Lubanga sabí­a que se estaban cometiendo esos crí­menes, él controlaba las tropas, daba las órdenes y supervisaba el reclutamiento de niños soldado en su milicia», afirmó la fiscal adjunta Fatu Bensuda.

La acusación piensa llamar al estrado a treinta y cuatro testigos, entre ellos nueve niños soldado y tres expertos. La defensa no precisó el lunes cuantos testigos pensaba presentar.

Está previsto que el juicio, presidido por el británico Adrian Fulford, dure entre seis y nueve meses.

El CPI ha reconocido a Thomas Lubanga como «sin recursos» y le pagará la defensa. Está retenido en el centro penitenciario de Scheveningen, en las afueras de La Haya, con otros tres sospechosos de la CPI.