El Presidente en nuestros zapatos


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Todo mundo sabe qué sucede, varias veces me lo han contado, es ya una práctica conocida la de los “padres de la patria” de recibir dinero a cambio de concesiones o votos dentro del Congreso de la Republica. Eso sí, nunca en mi vida he tenido mensajes telefónicos de texto a la vista o testimonios firmes y directos de diputados que prueben el conocido mecanismo del tráfico de influencias en el Legislativo.

John Carroll


De acuerdo al titular de La Hora de ayer, el Presidente Otto Pérez Molina sí ha tenido a la vista este tipo de pruebas y se le agradece y aplaude que las haga de conocimiento público pero nuestra atención en este caso no puede ni debe quedarse perdida en la superficialidad de las tantas cosas que pasan en la vida política del país.  Ayer dijo: “Hubo ya varios diputados que les han pedido su número de cuenta para decirles que ahí les van a depositar el dinero, mensajes de texto que me los enseñaron directamente a mí y llamadas que han recibido”. Claro que se le agradece al Presidente pero, además, estamos obligados a presionarle para que haga las denuncias formales respectivas en afán de encausar a los responsables de esa maldita maña ilegal e inmoral de andar vendiendo los votos o la camisola del partido por unos lenes.

El problema del Presidente es que él se metió a este lío solito, da la impresión que más  por imprudente que por sincero.  Cuando sabe que la prensa escucha atentamente a cada frase que dice y analiza en todos los sentidos posibles cualquier declaración que hace.  Los que tampoco debemos de permanecer callados somos nosotros, los simples mortales pero mandantes al fin, porque no se puede dejar de escapar la oportunidad para presionarle a que presente denuncias formales de los actos que informara públicamente.  Necesitamos, señor Presidente, que informe específicamente quienes recibieron mensajes y llamadas de quién. Además, lo correcto es que usted,  junto a su declaración pública,  proceda a presentar las denuncias formales ante el Ministerio Publio, haciendo acompañar su denuncia de la prueba física que soporte su testimonio.

A usted no se le permite excusarse en una frase trillada para nuestro medio “una denuncia de estas en el MP no camina”. No se le permite porque usted es el máximo responsable del cuidado y respeto de nuestra Constitución y cometería perjurio si no presenta las respectivas denuncias formales contra los implicados.  Además, no me parece correcto que usted utilice esta escusa bajo ese puntual argumento cuando usted ha hecho muy poco por mejorar el sistema de justicia de nuestro país. Por supuesto que esperaría que al darse cuenta, por cuenta propia,  de la frustración que sentimos todos los guatemaltecos ante un sistema que responde tarde, mal y nunca usted tome más en serio su papel como máxima autoridad y redirija sus esfuerzos políticos y administrativos a las cosas verdaderamente importantes que necesitamos para salir de este letargo en el que nos encontramos tantos guatemaltecos ante un sistema de justicia podrido y prácticamente nulo.

Le caería bien también, para ponerse un poco nuestros zapatos, leer y analizar detenidamente la portada del matutino elPeriódico del lunes pasado citando a una genial filósofa: «Cuando adviertas que para producir necesitas obtener la autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio… entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.» Ayn Rand