Indudablemente serán muchos los afectados por la disposición de prohibir que viajen dos personas en motocicleta porque ese medio de transporte se ha convertido en una alternativa importante para muchos hogares agobiados por el alto costo del transporte y, sobre todo, por la inseguridad que impera en el servicio colectivo. Sin embargo, tenemos que entender que la protección de la vida y la seguridad es uno de los fines esenciales del Estado y que terminó siendo imperativo limitar el uso de las motos para evitar asesinatos y atracos.
En el fondo, la disposición es resultado de la incapacidad de las autoridades de Tránsito para ordenar el uso de las motos, puesto que las mismas culebrean, literalmente hablando, entre el tráfico sin ninguna regulación ni control, lo que las hacía muy útiles para los maleantes que pueden, de esa forma, no sólo aproximarse a sus víctimas sino que, además, escapar rápidamente porque para ellos no existe carril alguno.
De hecho, las motos usan como carril exclusivo el espacio reducido que queda entre los automóviles que se desplazan respetando las carrileras en la vía pública. Una moto es un vehículo más y como tal debiera ocupar el espacio que le corresponde dentro de cada carril, sin adelantarse a puro tubo entre los que están detenidos en los semáforos para crear esa enorme cantidad de motocicletas que son una mancha frente a los semáforos.
Si los motoristas hubieran sido respetuosos de las leyes y normas de tránsito, ocupando sus lugares en los carriles, no hubiera habido necesidad de adoptar medidas tan enérgicas como las que se adoptaron las semana anterior y que, de todos modos, habrá que ver cuán fácil resulta implementarlas y hacerlas respetar.
Porque no olvidemos que el problema esencial de Guatemala está en la incapacidad del Estado para hacer cumplir la ley y la tan mencionada impunidad también tiene mucho que ver con la anarquía vial que vivimos porque no aprendemos a respetar norma alguna. De la misma manera en que no está permitido que los motoristas hagan de las suyas serpenteando entre el tráfico, tampoco está ahora permitido el uso de una moto por dos personas, pero en lo primero la autoridad no actúa y es difícil saber si lo hará con lo segundo.
Los mismos motoristas de la PMT dan el mal ejemplo al ser los primeros que se «escurren» entre el tráfico librándose de destruir retrovisores de los autos que están detenidos. Y con esa actitud abren la puerta para que cualquiera que conduzca una moto haga exactamente lo mismo, generando esa tremenda anarquía.