Es un funcionario internacional que ha viajado por todo el mundo, pero además filósofo y profundo ensayista. Ha sido profesor universitario en México, Perú, Buenos Aires, Chile y Paraguay. Desde fines del año pasado, representa a la UNESCO en Guatemala, luego de una brillante trayectoria en varios organismos mundiales. Poseedor de varios títulos, entre ellos un Doctorado en Desarrollo Económico y Social, ha publicado interesantes libros como Humanismo Americano (FCE, 2001) El Nuevo Orden Simbólico (SECIB, Madrid, 2002) Hacia una Mundialización Humanista (UNESCO, París, 2003) y Gobernar es saber. Formar Hombres y Mujeres de Estado (FCE, 2005) La más reciente es: El poder de la Cultura (2010)
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Este interesante texto llegó a mí, para la Primeras Jornadas Humanísticas que organizó la Facultad de Humanidades de la Universidad Rafael Landívar, donde Edgar Montiel fue uno de sus principales oradores. Lo había conocido hacía ya un año, cuando concluía la interesante aventura del proyecto ReteJoven, impulsado por UNESCO junto a la Cooperación Italiana, de la mano de la bella y talentosa Bárbara Franchini. Y fue en esa oportunidad, cuando tuve la suerte de dialogar con Edgar Montiel y apreciar su profundo amor hacia las auténticas expresiones culturales de la América originaria. Me impactó su oralidad pausada y profundamente humana. El libro es una reflexión madura sobre el valor que tiene esa palabra. «La cultura acaba siendo la fortaleza mayor, desde donde se da la resistencia para lo que viene de afuera y el cambio para desencadenar los procesos internos» (2020: 195) Sabias palabras que podemos engarzar con estos cuestionamientos que Montiel nos hace: «Â¿Qué tipo de nexos hay entre cultura, geopolítica y relaciones internacionales? ¿Qué enlaces se establecen entre cultura y soberanía nacional? ¿El interés nacional se acaba en las fronteras o podría acuñarse el concepto de soberanía cultural, cuyos alcances lo convierten en un fenómeno transnacional?» (2010: 192) Edgar Montiel responde con una apasionada postura latinoamericanista, que ante el inexorable mundialismo por el que atraviesa la economía, la técnica o el comercio, que refuerza tanto a los países industrializados y genera más dependencia a los del tercer mundo, es necesario y urgente que opongamos una activa identidad cultural, un esfuerzo de autonomía intelectual. «Autonomía -reitera el autor-, que no hay que entender como autarquías, arcaísmos, ostracismos o autoctonismos, sino como la capacidad de un pueblo para el desarrollo creador y una revaloración de nuestro patrimonio cultural, igual o tan importante como el de otras civilizaciones. Identidad que no es monolítica ni estática, sino plural y dinámica, que rescate de las tradiciones aquello que tenga fines liberadores del hombre, y por eso, está abierta al progreso, a la modernidad y los valores de la cultura universal» (2010: 196,197) Edgar Montiel nos recuerda el sentido del discurso de Gabriel García Márquez, en aquel histórico congreso de Zacatecas, cuando expresó que la humanidad entraría en el Tercer Mileno bajo el imperio de las palabras. Nunca antes como hoy, ha sido tan grande ese poder en nuestras Américas. Por eso… éste lúcido libro tiene tanta validez: contiene palabras fuerza, palabras guía. La cultura es la respuesta. Celebro y agradezco este obsequio para el intelecto.